miércoles, 18 de julio de 2012

Entrevista | Jordi Sierra i Fabra: "Todos mis libros tratan de la esperanza"


El escritor barcelonés abruma: 40 años publicando, 400 libros, diez millones de ejemplares en 30 idiomas, cifras singulares de un escritor que se define como “humanista” y que ha transformado la literatura juvenil en España. 

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
Jordi Sierra i Fabra (Barcelona, 1947) cumple 40 años publicando libros –“Hace cuarenta años que publico, porque dedicado a la escritura llevo muchos más. Yo comencé a escribir como con 8 años. Con nueve o diez ya tengo libritos escritos y encuadernados con más de cien páginas que guardo aún en mi casa”– y lo festeja con Quizás mañana la palabra amor (SM). “Quería ser Kipling, Salgari o Julio Verne, pero he sido Jordi Sierra. Y me gusta”, afirma.

Ocasión singular para entablar un diálogo con este escritor total, autor de novelas memorables como Campos de fresa –sigue siendo una novela fundamental acerca del consumo de drogas– o Kafka y la muñeca viajera, por ejemplo, referentes de la “literatura para jóvenes”, como nombra repetidamente. “Escribo los libros que me gustan, como los quiero escribir, sin más –explica–. Nunca he escrito por obligación ni por la tentación de hacer un best-seller… o pensando si se venderá mucho o poco”. 

–Cuarenta años, cuatrocientos títulos…. ¿Cómo lo hace? 

–Publicados, porque escritos muchos más. Siempre he escrito mucho, y muy rápido. Por eso escribí el Método Sierra i Fabra, en el que cuento mis técnicas y mis secretos. Pero no tengo ni secretaria, todo lo hago yo. Es más: no dejo que nadie toque ni una coma… Lo que escribo es lo que yo hago. ¿Cómo? Es que estoy todo el tiempo escribiendo y sacando ideas. Mientras leo la prensa, en los aviones, en cualquier momento. Me encierro dos semanas y ya tengo un libro. Antes lo he trabajado mucho: me documento a fondo, hago un guión, resumo cada capítulo y entonces me siento a escribirlo. Es decir, no escribo nada si no lo tengo muy claro. Eso me permite rapidez… 

–Y eso que dice: “No pongo paja, no me enrollo, entro a tope con la historia”. 

–Claro. Podemos coger cualquiera de mis libros y demostrar página a página por qué uso cada palabra. Nada es gratuito. Te digo con esto que nunca he escrito por escribir ni sentido la necesidad de engordar una historia por simplemente tener al final más páginas. No. Si haces eso la historia se resiente, y hay que ser fiel a la historia que cuentas. Eso es lo esencial. Antes que el ego del escritor, está, según lo veo yo, la fidelidad a la historia. El lector debe quedar enganchado en la primera página y en la 30 ser incapaz de soltar ese libro. Es lo que siempre he buscado, desde que era niño. Frases cortas, muchos diálogos. Y, sobre todo, no perder nunca el tiempo. Ni hacérselo perder al lector. 



–Y, por lo que le escucho, trabajar con la misma ilusión que en el primer día… 

–Por supuesto. Si no, no escribiría más. Hago lo que me gusta. Por eso cuando alguien me reprocha por qué escribo tanto, me enfado. ¡Sí hago lo que quiero! O cuando me dicen: oye, es que ya has ganado treinta premio, deja ya de presentarte… La repuesta está clara: ¿por qué no deja Rafa Nadal de ir a Roland Garros si ya ha ganado siete? También, como él, me gusta competir… Es curioso, voy a cumplir ahora 65 y ya advierto que no me voy a jubilar. ¡A mí descansar y dejar de escribir me horroriza! Cuando más años tengo, siento que me queda menos tiempo y más ganas me entran de escribir… Mi locura, mi forma de ser, mi entusiasmo, mi honestidad creo que contagia a los lectores. 

–Lectores que han comprado ya diez millones de ejemplares de sus libros… 

–No está mal, no. Porque estamos hablando de un país en el que no se lee lo suficiente. Es brutal, nunca me lo hubiera imaginado. Sobre todo, porque la mitad es desde el año 1997. Por supuesto, que muchos de todo esto tengo que agradecérselo a los maestros que siguen recomendando mis libros. Las cifras, los records, están bien, pero yo solo quería ser feliz escribiendo… Y lo he conseguido. Quería ser Kipling, Salgari o Julio Verne, pero he sido Jordi Sierra. Me gusta ponerme tan sólo una medalla: que he hecho mucho, como toda mi generación, todos los autores que estamos en los sesenta, desde Fernando Lalana a Gonzalo Moure, por la lectura en España. Me gusta pensar que muchos niños y jóvenes han sido lectores gracias a nosotros. 

–Hablando de lectores. ¿No cree que se le ha encasillado como escritor juvenil, siendo un autor de mucho más recorrido? 

–Yo soy escritor, es como me siento. A secas. Cuando muy joven escribía de música y entrevistaba a muchos cantantes, vi que tendía a encasillarlos: tú eres metal, tú heavy, tú folky… Y muchos me contestaban: no, soy músico. Yo también me siento igual. Durante un tiempo fui un rockero que escribía de música. Luego, me puse a escribir novelas, y era un rockero intelectual. Más tarde, cuando comienzo a ganar premios, comienzan a decir que soy un escritor rockero. Una vez que comencé a ser un referente de novelas para jóvenes me etiquetan como autor juvenil… Pero soy simplemente escritor, un creador. 

–Usted ha tocado múltiples temas y géneros, pero de algún modo ha impuesto también que la literatura juvenil deje de ser, digamos, ñoña, sino que toquen asuntos trascendentales como el holocausto o la guerra. 

–Tengo obras de ciencia ficción o de humor, muchas, pero la verdad y la realidad me atrapan. Yo viajo mucho, he recorrido todos los continentes, y de esos viajes, de lo que veo en ellos, saco muchos temas. Y en África o en Asia ves, a lo mejor, muchas cosas que no nos gustan aquí. Y creo que tengo que contarlas. Escribo lo que veo, los libros surgen de mi contacto con la realidad. En la misma lectura de la prensa encuentro muchos temas… Cuando comencé a escribir novelas realistas para un público juvenil pensé que no iba a vender nada… pero no ha sido así. A los jóvenes no se les puede ocultar la realidad. Ahora, sin duda, la novela realista es lo que más cultivo. 


–El extraño, premio Barcanova, que acaba de publicar, por ejemplo, trata de un niño que se pregunta por qué existen las dictaduras… 

–El protagonista es un niño que tiene a su padre en la cárcel en una dictadura imaginaria… Y hablo de la libertad y de la imaginación, de cómo un niño es capaz de superarlo todo con su fantasía. Ahora también he acabado de publicar Quizás mañana la palabra amor, que es otro tipo de novela, donde una chica sale del manicomio y se va a vivir con su abuelo, a quien lo está cuidando un chico de Cáritas. Yo diría que responde a la tipología de mis novelas clásicas. Corta, que te engancha enseguida, que la historia es muy tierna, pero dura, y que habla de esa palabra que tanto uso y de la que tratan todos mis libros: esperanza. La esperanza de que el amor pueda con todo y que la paz, el respeto, ayude a superar toda la adversidad. 

–Sí,la esperanza define correctamente el grueso de su obra… 

–Yo nunca estudié y soy consecuente con mis limitaciones. Pero de joven me pregunté ¿cómo quiero triunfar? Y decidí que lo haría en torno a cinco patas, cinco palabras, que han sostenido mi obra y mi vida. Son: paz, amor, respeto, honradez y esperanza. Por duro que sean mis libros, acaban hablando de estas cinco palabras. Pero, sobre todo, de esperanza. Porque tenemos que creer en algo, si no estamos perdidos. 

–En este sentido, ¿cómo es su relación con Dios? 

–Casi nunca hablo en mis libros de religión ni de política. La razón te va a parecer tonta: todavía estoy buscando. Sí sé que hay una energía o un Dios, pero no he logrado descubrir su verdad. Aún me siento un ignorante y, con mis 64 años, espero aún saber mejor quién soy y adónde voy. Otra cosa es que mi literatura sea, como me han dicho más de una vez, espiritual. Incluso hay un crítico que afirma que es ejemplo de religiosidad. Él interpreta mi positivismo como religión. No es el único. Me invitan constantemente, en este sentido, a dar conferencias en foros católicos. Pero, si me tengo que describir, diría que me siento un autor humanista. 

En el nº 2.807 de Vida Nueva. Entrevista con Jordi Sierra i Fabra, íntegra solo para suscriptores