viernes, 6 de julio de 2012

Murillo y Justino de Neve: el arte de la amistad y la fe

El Prado inaugura una excepcional muestra de una veintena de obras de Murillo encargadas por su mecenas, amigo y confesor, Justino de Neve, canónigo de la Catedral de Sevilla.

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
“Las pinturas generadas por la amistad entre Murillo y Justino de Neve forman un conjunto realmente estelar”. Este es el calificativo, simple, contundente y evocador que elige Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación del Museo Nacional del Prado y comisario de Murillo & Justino de Neve: El arte de la amistad, para describir la veintena de obras que el Museo del Prado reúne en una magnífica exposición que reconstruye la relación de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) con su gran amigo y mecenas, Justino de Neve (1625-1685), canónigo de la Catedral de Sevilla.

Tres aspectos realzan la exposición del gran pintor barroco sevillano, que después de Madrid se podrá ver también en el Hospital de los Venerables de Sevilla, sede de la Fundación Focus-Abengoa, y en la Dulwich Picture Gallery de Londres. En primer lugar, que la mayoría de la obra expuesta es “pintura de devoción” de un Murillo en su gran madurez y apogeo: todas están fechadas entre 1662 y 1670.

Segundo, que proceden de encargos realizados por Justino de Neve para tres proyectos básicamente: la decoración de la iglesia de Santa María la Blanca (1664-65), diversas obras que le encargó para la catedral (la Sala Capitular y capilla bautismal) y, por último, un conjunto de lienzos para el Hospital de los Venerables Sacerdotes.

Justino de Neve, según Murillo.
Y, en tercer lugar, que se ha intentado reconstruir, al menos en parte, la propia colección que Justino de Neve poseía de obras de Murillo –la más importante de tema religioso–, que sumaba 18 obras, sólo superada en la época por la del comerciante Nicolás de Omazur, con 31.

“Resulta llamativo –añade Gabriele Finaldi– que solamente uno de los cuadros que componen esta exposición se encuentre aún en la ciudad natal del pintor. Al reunir una serie de obras que en su día estaban concentradas en el corazón de la ciudad andaluza, y al poner el acento en uno de los ejemplos más brillantes y productivos de relación entre un artista y su cliente y protector de todo el siglo XVII, esta exposición y el catálogo que la acompaña contribuyen a corregir una injusticia histórica”.

El corpus de una obra de madurez

Excepto ese Bautismo de Cristo que corona el retablo de San Antonio en la capilla del santo en la Catedral de Sevilla, el resto de obras proviene de instituciones como el Museo de Bellas Artes de Budapest, la Dulwich Picture Gallery de Londres, la National Gallery of Scotland, el Museo del Louvre, Museum of Fine Arts de Houston o el propio Museo del Prado, que expondrá por primera vez la llamada Inmaculada de los Venerables –también conocida como la Inmaculada “Soult”– con su marco original procedente de la Catedral de Sevilla.

Primavera (La Florista).
“Forman un corpus de obras de madurez de un Murillo que, en la cumbre de su fama, alcanzaba de manera consistente altas cotas de belleza y expresividad”, puntualiza Gabriele Finaldi. El impulso conjunto entre el Prado, la Fundación Focus-Abengoa y la Dulwich Picture Gallery londinense reúne así algunas de las “obras más destacadas y originales” del pintor sevillano.

“La amistad entre Murillo y Neve generó un notable conjunto de pinturas –encargos públicos y privados, y obsequios– entre las que figuran, por ejemplo, el propio retrato que Murillo pintó de Justino de Neve en 1665. El cuadro lo mantuvo en su poder el canónigo hasta que a su muerte lo legó al Hospital de los Venerables Sacerdotes, institución para presbíteros enfermos y ancianos de la que Justino había sido una pieza clave para su fundación”. Este retrato simboliza para Finaldi “la especial relación que unió al pintor con su modelo, una relación que fue tanto personal como profesional”, posiblemente Neve fuera confesor del propio Murillo, además de “ejecutor” de su testamento. [...]

En el nº 2.806 de Vida Nueva. Murillo en el Prado: el arte de la amistad y la fe, íntegro solo para suscriptores