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viernes, 8 de junio de 2012

Diez autores policíacos imprescindibles desde Italia...

Maurizio de Giovanni, el último de los grandes novelistas policíacos italiano en llegar al mercado español.
De manera breve, una deuda que le debía a la Feria del Libro y a la novela policíaca italiana. Podríamos citar algunos más –por ejemplo, al gran Giuseppe Ferrandino–, pero aquí van algunos apuntes acerca de diez autores que desde Italia han hecho de la literatura negra transalpina la más –y esta es una opinión personalísima– interesante de las que se están escribiendo en el Viejo Continente. Sí, no se sorprenda. 

Los dos primeros son inevitables. Los dos grandes referentes históricos de la novela negra, a los que los escritores contemporáneos le deben mucho. Y así lo reconocen. Le siguen otros contemporáneos de todos conocidos, y, finalmente, los últimos en llegar... Cualquiera de ellos es una elección de garantía... Lean y verán. 


1. Giorgio Scerbanenco (Duca Lamberti-Milán)
“Venus Privada” (1966), la primera novela de la serie de Duca Lamberti, ha sido reeditada por Akal este mismo año: un hombre que consciente del inevitable lado oscuro de la realidad, se ve comprometido a proteger a los ciudadanos del crimen organizado, de la injusticia, de la soledad, de sí mismos...

El personaje de este ex médico condenado por practicar la eutanasia que pasa a ganarse la vida como detective colaborador de la policía –especialmente con el inspector Carrua–, consagraría al autor como uno de los maestros del género policiaco. Obras aún muy actuales. 

Akal ha publicado "Traidores a todos" (2009), "Muerte en la escuela" (2010), "Los siete pecados y las siete virtudes capitales" (2010), "Los milaneses matan en sábado" (2011) y "Milán calibre 9" (2011), estas dos últimas el año pasado, en el que Italia conmemoró el centenario de su nacimiento.




2. Leonardo Sciascia (Sicilia)
El escritor siciliano ha sido uno de los escritores que más ha indagado en el poder, la Mafia y la corrupción del Estado tanto a nivel policial como político. “La ambición de Sciascia era hacer una novela política, de indagación sobre el poder”.
Y un día se asombró al comprobar que sus obras se anticipaban al futuro, como las investigaciones parlamentarias sobre la Mafia en “El día de la lechuza” (1961) o el asesinato de jueces en "El contexto".
Sciascia se identificaba con sus investigadores, a quienes atribuía sus preferencias políticas, sus lecturas francesas, la pasión por la razón, el placer de las tardes con los amigos. "El investigador ilumina los hechos con la verdad". La mejor: “A cada cual lo suyo” (1966).

3. Andrea Camilleri (Salvo Montalbano-Vìgata)
En 1998, cinco novelas entra las más vendidas en Italia, todas con Montalbano de protagonista... Se ha relacionado a Montalbano con Maigret, y eso es inevitable, porque el proceso psicológico que sigue Montalbano es más parecido a Maigret que a cualquier otro personaje.

Está describiendo la frontera que hay entre la política y el delito, entre lo ilegal y lo legal, la violación de un tabú como matar, los límites de las conductas, mientras establece una complicidad con el lector. Es el gran referente de la denominada "novela negra mediterránea".

Otro aspecto importante es el papel de lo cultural en estas indagaciones de Montalbano: a veces la clave de un enigma es una clave cultural, un mito, una lectura clásica... 
28 novelas y recopilaciones de relatos-casos. La primera en 1994: “La forma del agua”. En España, la última: “La caza del tesoro” (2011). Publicará otras siete (cuatro de ellas ya editadas en Italia).


4. Donna Leon (Guido Brunetti-Venecia)
Quiere hacer algo más que entretener con sus novelas protagonizadas por el comisario Brunetti. En cada una de ellas nos da una lección de su catecismo progresista. Pero el atractivo de las historias de Brunetti apenas tiene que ver con su bien intencionada denuncia de la sociedad contemporánea. Buena parte del éxito se debe a su “bonhomía” y a Venecia.

Su visión es pesimista. De la ciudad, que sirve de metáfora, del propio “mundo”... Pero siempre nos queda una sonrisa tras las novelas. Brunetti se mantiene íntegro, escéptico y aparte, encontrando a pesar de todo ocasión para gozar de los buenos momentos de la vida, muchos de ellos gastronómicos.

Además, es culto y sensible: lee a Cicerón, Esquilo y Aristóteles. Todo un referente de la literatura policiaca contemporánea desde su aparición en “Muerte en La Fenice” (1992).
Su mujer, Paola, pertenece a una familia aristocrática veneciana y es profesora de literatura inglesa, como lo fue también la autora.


5. Veit Heinichen (Proteo Laurenti-Trieste)
Autor alemán, pero que vive en Trieste... ciudad fronteriza por excelencia. Eslovenia está presente. Gran personaje: inteligente e irónico. Muy “mediterráneo”.También “gourmet”. Entrañable.
Lucidez narrativa. Temas como la eliminación de fronteras en Europa o los grupos financieros que controlan el dinero de forma más o menos legal.”Lo muertos del Carso” o “La danza de la muerte” (2011).


6. Carlo Lucarelli (Comisario De Luca-Parma)
Trilogía sobre la República de Saló... escrita entre 1991-1996. Comisario De Luca: personaje que busca mantenerse en pie cuando todo se derrumba: un hábil investigador que busca obsesivamente la verdad.

Lucarelli es también muy conocido en Italia por otro personaje, ahora contemporáneo: Grazia Negro, inspectora de la Policía Científica-Roma. En España tan sólo una novela de las cinco escritas por Lucarelli. Precisamente, “Por la boca muere el pez”, escrita junto a Andrea Camilleri, y que transcurre en Vìgata. Negro, a espalda de sus superiores, pide ayuda a Salvo Montalbano...


7. Marco Vichi (Comisario Bordelli-Florencia)
Años 60. Marcados en Italia por la II Guerra Mundial. Bordelli es ex comandante del batallón San Marcos. Serio, solitario, persistente, con un alto sentido de la justicia, pero que tampoco duda en hacer cosas que se pueden salir un poco de la ley.

Bordelli deja libres a determinados delincuentes, porque “quien roba para comer no es ladrón”, ganándose así las censuras de sus superiores. Le da igual, él sigue los pasos de la conciencia... Vichi es lento, descriptivo, más interesado en bucear en las relaciones personales de los protagonistas que el propio desarrollo de la trama. Paralelismos con hoy.


8. Massimo Carlotto (Marco Buratti-Padua)
Es un autor marcado, como pocos, por su destino. Un escritor que vivió en su propia carne una falsa acusación de asesinato, una detención infame y una instrucción judicial rocambolesca. 18 años en prisión y prófugo de la justicia.
Carlotto es todo un símbolo en Italia, una de las víctimas más famosas de los errores judiciales. Toda esa experiencia está en sus novelas. Marco Buratti, apodado “El caimán”, un ex convicto que, como él mismo, adora el blues y el calvados. Su “alter ego” confeso.
“La verdad del Caimán” (Barataria) fue la primera de la serie de Buratti. El argumento lo llevaba rumiando desde aquella noche de 1976. “Es ciertamente mi historia. Tanto es así que en Padua, cuando salió el libro, se armó un escándalo porque la gente reconocía por la calle a los personajes y los señalaba...”.
Segunda novela de El Caimán, “El misterio de Mangiabarche” (Barataria):  novela negra = periodismo de investigación, aunque siempre narrado desde la ficción. En Italia, los argumentos están en la realidad... 

9. Gianrico Carofiglio (Guido Guerriri-Bari)
Novelas con puntos de vistas peculiares. Primero, Carofiglio es juez, antiguo fiscal. Segundo, Guerriri es abogado penalista. Es el narrador. En el punto opuesto a Carlotto.
Protagonista muy interesante, en constante evolución. Asume casos muy pegados a la realidad. “Testigo involuntario”, “Con los ojos cerrados” y “Dudas razonables”...

10. Maurizio de Giovanni (Luigi Alfredo Ricciardi, Nápoles)
Es el último descubrimiento. El Comisario Ricciardi es terco, solitario y tiene un don único: oye las últimas palabras de las víctimas de muertes violentas... Un don, que a veces es una auténtica maldición. 
Pero una de las grandes aportaciones de De Giovanni es el retrato de esa Italia fascista. Lumen ha publicado las dos primeras de la serie: "El invierno del comisario Ricciardi" y "La primera del comisario Ricciardi"... 


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ernesto Mallo y su imprescindible comisario Lazcano

Foto: Juan Caballero
He aquí un siempre testimonio, escrito entre la premura de los días. Tan sólo quería dar testimonio de Ernesto Mallo (La Plata, Argentina, 1948), escritor que me ha hecho reencontrarme con la pasión de la novela negra. Dícese cuando descubres a un escritor y su protagonista y, finiquitada la primera novela, corres inmediatamente a por todas las demás disponibles del mismo dueto. En este caso, Mallo y su "Perro" Lazcano. Es lo que me ha sucedido gracias a la editorial Siruela, que ha acercado al territorio español a este peculiar novelista e interesante serie. Quede aquí este testimonio y la recomendación, sobre todo, de Crimen en el barrio del once (Siruela, 2011), sin duda obra maestra del género negro contemporáneo. 

De entre la plaga de novedades negras y criminales, y su cada vez más alarmante falta de calidad, es difícil dar con la aguja en el pajar. Curiosamente, La aguja en el pajar es el título argentino de esta primera novela de Ernesto Mallo, retitulada en España como Crimen en el barrio del once, del mismo modo que Delicuente argentino, la segunda novela, acaba de ser publicada, también por Siruela, como El policía descalzo de la Plaza de San Martín. Curiosamente, ambos títulos nos sirven para que el lector sepa que con Mallo no se equivoca. E insisto, si buena es la segunda entrega del "Perro" Lazcano, mejor aún es la primera. Y pronto habrá una tercera.


El personaje, el comisario Lazcano, y el propio Mallo exigen (o, más bien, merecen) una crítica amplia, coherente y meritoria, sin duda; del mismo modo que el periodo en el que transcurren: 1979 y 1981,respectivamente. Ahora las prisas me impiden entrar con profundidad en ello. Pero para que el lector, acaso, tenga un primer contacto con la maestría de Mallo me remitiré a sendos artículos sobre sus ediciones argentinas, publicadas en el suplemento cultural Página 12, con las que no puedo estar en desacuerdo. Ni mucho menos. La primera, "Momento shakespeareano", es una crítica-entrevista firmada por Andrés Berlanga, que define Una aguja en el pajar, es decir, el Crimen en el barrio del once, de la siguiente manera: 
Un gran policial que transcurre durante la dictadura y que logra hacer querible a un protagonista comisario. Una militante del ERP buscada por el Ejército que confía en él, se enamora, y es protegida hasta el final. Ernesto Mallo construye en La aguja en el pajar un relato realista y notable con profusión de incorrecciones políticas hasta aquí casi inconcebibles. A los 57 años este ex militante de las FAR, también perseguido durante la dictadura, consigue en su primera novela, a través de un lenguaje seco y directo, una efectiva plasticidad y contundencia para ambientar lo opresivo de esta ciudad en 1979, para delinear los perfiles y las motivaciones de sus personajes, para dosificar descripciones y toques de humor filosos, para armar diálogos que a la vez funcionan como un fresco del ideario de una sociedad, para generar suspenso y para construir una novela de género que, imperceptiblemente, se convierte en otra cosa. “El comisario Lascano es la aguja en el pajar, el diferente a todos los demás”, dice Mallo. “Uno. Uno solo. Yo creo que se me puede permitir pensar que hubo uno bueno.
La segunda cita, El policial escrito en argentino, es una prolija reseña de Guillermo Saccomanno, que arranca acertadamente: 
¿Qué quiere decir Alejandra Pizarnik cuando escribe: “Mañana/la carta desconocida/encontrará las manos del alma”? ¿Qué quiere decir Ernesto Mallo (1948), cabe preguntarse, cuando invoca a la poeta suicida en el acápite de Delincuente argentino? Boutade o provocación, lo que insinúa Mallo es que conviene desconfiar de las reglas fijas de un género. ¿Acaso la violencia de un poema no puede conectarse con la violencia de una narrativa y ambos, a su vez, conectarse con la violencia política? Delincuente argentino, más allá del hallazgo de su título seductor (que promete y cumple una radiografía del hampa institucionalizado) es algo más que una novela policial: una manera de narrar lo social que mucha novela local contemporánea (la psicológica, la social, la vanguardista) pareciera congelar en tics: se trate de una poética kitchosa, cumbiera o tecno/web. Delincuente argentino pertenece a un género que venía en desuso: el policial. Y en su rescate, Mallo lo cuestiona al preguntarse cómo narrar hoy lo social, una corrupción que los medios informan pero no narran. No es poco desafío escribir una policial despegando de la crónica en una época donde la ficción suele zozobrar ante la contundencia de lo testimonial.


En esta segunda novela, es decir, en El policía descalzo de la Plaza de San Martín, cobra coprotagonismo el "Topo" Miranda, un ladrón peculiarmente honesto, con el que el "Perro" parece que hará pareja en la tercera entrega... Sirva, entre tanto me hago esperar, el recurso a otros dos textos, para culminar tres aspectos siempre necesarios en cualquier contexto literario: el personaje, el autor y su proceso creativo o nacimiento de su comisario Lazcano. Van aquí, acerca de los dos primeros abuso de un texto de Amir Valle, Ernesto Mallo tras las marcas invisibles de la violencia, publicado en El Otro Lunes. De Lazcano, que para mí ya figura en el recuento de protagonistas imprescindibles de la mejor novela negra, dice:
Lo cierto es que Lascano es el personaje que necesitaba las tramas noveladas por Ernesto Mallo. Sus características psicológicas, su curiosa historia de vida, sus vacilaciones, y sus pérdidas del amor (que, no obstante, seguirá buscando incansablemente como una isla que sabe puede salvarlo de la mierda en que está hundido) le permiten recorrer los sucios laberintos, humanos y geográficos, en que debe investigar en busca de una verdad que, él lo sabe, no servirá de nada incluso aunque la encuentre.
Y de Mallo, directamente, lo catapulta hasta la cumbre de la novela negra y criminal, lo cual, ya ha quedado dicho, suscribo:
En el actual escenario de la literatura argentina destaca un nombre: Ernesto Mallo que, obra tras obra, se ha ido colocando a la cabecera de las letras de ese país, aún cuando, según he leído en algunos sitios, se le siga considerando simplemente un escritor de novela negra.
¿Pero dónde radica la "negritud" de las obras de Ernesto Mallo? ¿Bastan dos novelas para haber ingresado en la prestigiosa lista de nombres imprescindibles del género negro en lengua española?
La respuesta a la primera: en la autenticidad de su mirada literaria hacia la violencia que gravita sobre Argentina; y la respuesta a la segunda: sí, de modo rotundo. 
Poco más, un tercer apunte, sobre el autor, una crónica de Jota Palacios sobre su presencia en 2007 en la XX Semana Negra de Gijón titulada Ernesto Mallo: La literatura me salvó del suicidio. Aunque innecesario, desde el punto de vista de que la valoración de una obra literaria está por encima de las circunstancias en las que fue escrita, nunca está de más. En cualquier caso, es una coda, un añadido para entender mejor las razones del novelista y qué le condujo hasta el comisario Lazcano. En ella Mallo asegura: "Esta experiencia me ha demostrado claramente la utilidad de la literatura como absoluto y eficaz salvavidas, no solo para las personas, sino también para la cultura, la sociedad y los pueblos".

Primeras páginas de Crimen en el barrio del once, gracias a la editorial Siruela.

Primer capítulo de El policía descalzo de la Plaza de San Martín, gracias igualmente a Siruela.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Apuntes negrocriminales | Diane Wei Liang: La Casa del Espíritu Dorado

Diane Wei Liang en su casa de Londres. Foto: The Guardian

Mei Wang regresa. Después de El ojo de jade y Mariposas para los muertos, la detective –profesión prohibida en China, aunque ejercida como asesora de seguridad e información- que sabe que investigar la verdad en una sociedad en donde Partido, Ejército o, cualquiera que sea el poder, quiere decir también dinero y corrupción. Ya sabíamos que Wei Liang ha caracterizado a su joven investigadora, Mei –33 años, soltera e independiente–, según los cánones clásicos de la novela negra occidental, sobre todo en ese vínculo estrecho que hay siempre entre los casos que investiga y su propia vida, aunque al principio ni se lo imagine. En La casa del Espíritu Dorado vuelve a sucederle…
Otra vez. El gran tema es, de nuevo, la obsesión por enriquecerse de una sociedad en la que la corrupción está a la orden del día. Tanto que parece que a veces la trama queda en un segundo –incluso, tercer– nivel para centrarse en la contradicción de la nueva sociedad china y de su clase dirigente reconvertida en millonarios. Recomendable, más que por su careta policíaca, por el extraordinario fresco que Wei Liang ofrece de los demonios de una sociedad que avanza sin querer mirar al pasado y engañándose a sí misma. Aún así están los matices: la ligereza de la narrativa que hace que la novela sea ágil y entretenida, el giro argumental que enfrenta de nuevo al hombre –y la mujer– frente a su ambición desmedida, y esa otra subtrama inacabada que, supongo, se retom en la siguiente entrega…
La presencia de secundarios bien esbozados –unos circunstanciales, como el abogado Wadan; otros llamados a permanecer, como el inspector Zhao– dota de nuevo a una novela de Wei Liang de esa frescura que la hace tan fácil de leer, lo cual tiene más mérito del que parece. Otra característica común a la novela negra europea que tiene la autora china es que, como al Wallander de Mankell, por poner un ejemplo, siempre está muy presente las circunstancias personales en el devenir narrativo. Junto a su hermana, la famosa presentadora Lu, su madre o su prometido exiliado en los EEUU, el miedo al matrimonio de Mei ocupa aquí recurrentes reflexiones.
En definitiva, ya se lee entrelineas: Sí, superficial y básicamente entretenida, con argumentos siempre secundarios, el vigor de la novela vine dado por la cruda fotografía de la conexión entre el poder comunista y la corrupción económica, el capitalismo creciente y el cada vez mayor contraste vital (y económico) entre ricos y pobres. A su modo, el interés es, por tanto, antropológico y, a la vez, casi periodístico. La trama negra y policíaca es un disfraz, casi una excusa. Pero, al menos, Wei Liang se preocupa de tejerla coherentemente y con cierto interés. Sabiendo todo esto: nunca viene mal una inmersión, un viaje veloz al Pekín postolímpico, con una guía nativa, con sentido del humor, con historias siempre curiosas y nunca aburrida.
Diane Wei Liang (Pekín, 1966) pasó parte de su niñez con sus padres en un campo de trabajo de una remota región de China. En los años ochenta, cuando asistía a la Universidad de Pekín, participó en el movimiento democrático estudiantil y estuvo en la plaza de Tiananmen. Se doctoró en Administración de Empresas en la Universidad Carnegie Mellon, y ha impartido clases de gestión de empresas en Estados Unidos y en Reino Unido durante más de diez años. Vive en Londres con su marido y sus dos hijos. Ha publicado el libro de memorias El lago sin nombre.


Diane Wei Liang: La Casa del Espíritu Dorado. El tercer caso de la detective Mei Wang. Siruela Policiaca, Barcelona, Septiembre, 2011, 400 páginas, 19 €