jueves, 22 de diciembre de 2011

LA NOVELA DE LA SEMANA | Eva Díaz Pérez: El sonámbulo de Verdún


Sigo con notable atención la obra de Eva Díaz Pérez (Sevilla, 1971), que se va abriendo un hueco en ese difícil arte de la novela de raíz histórica. Lo ha hecho ya desde épocas diversas: en Memoria de cenizas (Fundación Lara) narró la persecución inquisitorial del foco luterano en Sevilla a mediados del siglo XVI, mientras que en El club de la memoria, finalista del Nadal en 2008, ha tocado una  historia más contemporánea; en cierto modo, aún entramada con el presente como las Misiones Pedagógicas de la II República.

Ahora, sorprende con El sonámbulo de Verdún en homenaje a una Europa–la ‘Mitteleuropa’ de Claudio Magris– que representa todo lo que queríamos ser y hemos olvidado. Es la Europa de Praga y Viena en el final de la Gran Guerra, del fin del Imperio Austrohúngaro. Pero es la Europa de Libuše, un joven checo de hoy, que se pregunta por el destino de su ciudad, Praga, y de su familia. Todo ello se cuenta en lo que tarda una bala en salir de la trinchera alemana y llegar a la cabeza de un soldado francés.


Eva Díaz Pérez: El sonámbulo de Verdún (Destino), Madrid, Noviembre de 2011, 264 páginas, 17,50 €
En el nº 2.781 de Vida Nueva.

Copio a continuación una entrevista realizada por Daniel Ordóñez para la emisión en español de Radio Praga y que podéis escuchar en la web. Y que el mismo periodista ha trasncrito:

‘El Sonámbulo de Verdún’: la Europa del siglo XX contada desde Praga, Viena y las trincheras 
DANIEL ORDÓÑEZ | El siglo XIX no acabó hasta 1918. Las cenizas de los viejos imperios dieron paso a nuevos estados, pero el continente no ha dejado desde entonces de buscar su identidad en la que se mezclan un presente muy distinto a un pasado no tan distante de cambios, revoluciones, enfrentamientos y catástrofes.
A través de los ojos y de las historias de personajes que nada tuvieron que ver con las decisiones que marcaron el destino del continente, ‘El Sonámbulo de Verdún’, novela recién publicada de la escritora y periodista Eva Díaz Pérez, forma parte también de esa búsqueda dentro de un pasado trágico, pero no exento de romanticismo.
El ‘corazón’ de Europa no es solo su centro geográfico, o un eslogan turístico, sino donde de verdad se ha escrito desde siempre la historia del continente, dice Eva Díaz, y por eso es ahí donde ha situado su novela.
“El libro es un homenaje a Europa, y sobre todo al corazón de Europa, y se desarrolla sobre todo entre Viena y Praga, como ejemplo de la ‘Mitteleuropa’ de Claudio Magris, como si estuviera ahí justo en ese sitio la explicación de nuestra querida, amada y herida Europa, precisamente ahora que Europa está viviendo momentos desconcertantes, que camina sin rumbo y sin certeza. Esta novela es un homenaje a esa Europa, a todo lo que somos, y que en cierto modo parece que se ha olvidado”.
El tercer vértice geográfico de la novela es Verdún, como su propio título avanza. Sus páginas de hecho comienzan en una trinchera de la Primera Guerra Mundial en esa ciudad francesa que albergó una de las batallas más duras y decisivas del conflicto.
Verdún, 1916
Verdún , 1916
“Hay una escena, con la que arranca la novela el 12 de febrero de 1916, con una bala que sale de la trinchera alemana en los campos de Verdún. El tiempo que tarda en llegar hasta la cabeza de un soldado en la trinchera francesa, es el tiempo que dura la novela. Lo que pasa que la novela va hacia delante y hacia atrás, y en ese tiempo, con esas idas y venidas en el tiempo, se cuenta la historia de Europa en el siglo XX”.
Dos miradas a Europa
La mirada al devenir de Europa que es ‘El Sonámbulo de Verdún’, parte de los últimos días del Impero Austrohúngaro, y como los vivieron las ciudades de Viena y Praga.
Stefan Zweig
Stefan Zweig
“Son dos miradas a esa Europa. Por un lado está esa imagen de la Viena orgullosa de su pasado, con todos esos palacios de la monarquía habsbúrgica, el tema del vals y todas estas liturgias de gran imperio, y que tantos grandes escritores, como Stefan Zweig o Joseph Roth, han contado, los últimos días de la decadencia del gran imperio. Pero después estaba la mirada de Praga, que me interesaba muchísimo. Es una mirada más rebelde, traviesa, insumisa. Claro, el Reino de Bohemia había estado oprimido durante largo tiempo por el Imperio Austrohúngaro, y al leer a tantos escritores checos, esa mirada también estaba. La mirada de los que se ríen un poco de todo ese gran imperio, de esa gloria, de ese pasado de siglos y de todo tan pomposo. La mirada eslava era otra”.
La novela de Hasek
Esa memoria checa gamberra de la Primera Guerra Mundial pasa en primer lugar por ‘Las Aventuras del Buen Soldado Švejk’ de Jaroslav Hašek, dice Eva Díaz, y también está en los relatos de Bohumil Hrabal. Por otro lado, las memorias de Jaroslav Seifert, ‘Toda la Belleza del Mundo’, dibujaron en la cabeza de la autora la Praga de otra época en la que se basa su novela.
Cuatro protagonistas

‘El Sonámbulo de Verdún’ tiene cuatro protagonistas a quienes unen hilos invisibles. Ellos no coincidirán nunca, pertenecen a lugares o tiempos distintos, pero el lector sabe qué los relaciona. Uno de ellos es Jaroslav Smoljak, un soldado checo que va a la Gran Guerra como parte del Ejército Austrohúngaro. Una vez en el frente, al igual que hicieron decenas de miles de checos, Smoljak deserta y pasa a engrosar las filas enemigas para así combatir al vetusto imperio y luchar por la libertad de su nación.
Por otro lado está Libuše, una chica de la Praga de hoy día, cuenta Eva Díaz Pérez.
Praga
Praga
 “Libuše es un personaje de hoy, una adolescente con una mirada curiosa sobre su ciudad, de la que está totalmente enamorada, pero que también se da cuenta de que ahora es una postal turística, querida por los visitantes, pero en la que si rascas un poco hay también toda una historia de horror, de opresión… igual que debajo de las alfombras de muchos lugares hermosos”.
Reinhard Heydrich
Reinhard Heydrich
El lector descubre a la vez que Libuše la historia de la ciudad y de Europa a través de las vivencias de sus propios familiares en varios momentos clave, continúa explicando la autora.
“Cuenta la historia de su familia. Habla por ejemplo de su abuelo, que estuvo en la Guerra Civil española en las Brigadas Internacionales y luego vuelve a Checoslovaquia. Durante el comunismo sufre un proceso, represión… con este personaje podía contar todo lo que había pasado en Praga después de la ilusión del nacimiento de la nación cuando acabó la Gran Guerra. También hablo de partes de la Segunda Guerra Mundial, de la ‘Heydrichiáda’, cuando mataron en Praga a Reinhard Heydrich, hablo de Hitler, o de la dictadura comunista.”
Viena
Viena
Los otros dos protagonistas son vieneses. Uno es Klaus Werger, otro soldado de la Primera Guerra Mundial, pero austriaco, que hace crónicas de batallas. Es otro punto de vista sobre Verdún, al que se suma el del cuarto personaje principal, que visita el lugar en la actualidad.
El espectáculo del horror
En ‘El Sonámbulo de Verdún’, su autora ha querido además ser novedosa desde el punto de vista narrativo, explica.
“La contemplación del pasado donde hubo tanto horror desde el presente lo vemos a través de otro personaje, un austriaco que es Fritz, un artista que había pertenecido al movimiento del accionismo vienés, y que en la actualidad está preparando una obra artística de reflexión de memoria sobre la Gran Guerra. Él mismo va reflexionando a lo largo de la historia sobre cómo todo se va convirtiendo en un espectáculo del horror. Reflexiona sobre la batalla, sobre las guerras y su significado. Al mismo tiempo son reflexiones que él tiene sobre su propia vida y que tienen relación, por determinados azares, con otros personajes de la novela”.
“El narrador que cuenta la historia, un narrador omnisciente, interpela al lector constantemente, porque la novela intenta aportar algo nuevo dentro de la novela histórica, un género que creo que está bastante trasnochado, anquilosado… narrativamente es ciertamente ingenuo. Entonces yo quería darle una vuelta de tuerca e introducir una voz contemporánea pero dentro de una historia sobre el pasado, en una novela de época. Este narrador interpela al lector, le muestra las trampas narrativas que existe en este tipo de género, lo parodia, se ríe, es irónico con él y cuenta las cosas con escepticismo”.
La fascinación de Eva Díaz Pérez por Europa Central no terminará con ‘El Sonámbulo de Verdún’. La historia que ahora tiene en la cabeza para su próximo proyecto, avanza la autora, transcurre entre Venecia y Trieste, el enclave, hoy italiano, que sirve de puerta entre oriente y occidente en Europa, que se sitúa entre el mundo latino, germánico, eslavo, balcánico y mediterráneo.

María, en el altar del arte

'Santa Ana enseñando a leer a la Virgen María', de Murillo
Alicia Pérez Tripiana y Mª Ángeles Sobrino publican “María en el Museo del Prado”, un recorrido por 37 obras maestras de la pinacoteca madrileña que permiten descubrir la “representación simbólica e iconográfica” de la Virgen en la historia del arte.

España, tierra de María. La fe en torno a la Virgen encuentra múltiples testimonios en la historia, el folclore o la religión popular. Uno de los más sorprendentes nos lo descubren Alicia Pérez Tripiana y Mª Ángeles Sobrino López en María en el Museo del Prado (PPC): “Nuestra intención es contribuir, mediante una selección de obras maestras de asunto mariano del Museo del Prado, a mejorar el conocimiento de la evolución de la imagen de María en el desarrollo de la historia del arte”.
Las autoras, que ya dieron muestras de su sensibilidad con Jesús en el Museo del Prado (PPC) –obra de cuyo éxito nace esta–, trazan ahora “una relación casi secuencial realmente espléndida de los aspectos humanos, sagrados y devocionales de la figura de la Virgen María”. Treinta y siete obras maestras del Prado cuyo tema es María, vista por Murillo, El Greco, Velázquez, Zurbarán, C. Coello, El Bosco o Rubens, entre otros grandes pintores.
Portada del libro de PPC
O, como dicen las autoras: “Según los diferentes estilos artísticos, la variedad de tratamientos iconográficos y la pluralidad de focos artísticos, al tiempo que podemos contemplar su figura como Madre de Dios, Reina de los cielos, Protectora de todos los hombres e Inmaculada Concepción”.
Este recorrido iconográfico, aun ciñéndose a la colección de la pinacoteca madrileña, muestra indudablemente la concepción de la Virgen María en la pintura española, italiana y flamenca, especialmente, entre los siglos XV-XVII. Entre otras razones, porque la riqueza del Prado en pintura religiosa nace no solo de la fe católica de la monarquía española, sino de la propia devoción mariana de órdenes religiosas contenida en conventos e iglesias.
“Además de las espléndidas colecciones reales, el Prado –explican las autoras– posee un segundo gran conjunto de obras procedentes del Museo de la Trinidad, nacido de la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX. Este museo se formó con las obras de arte de los conventos suprimidos de Madrid y algunas provincias limítrofes, provocando que la mayor parte de las obras que llegaron a él fueran de temática religiosa”.
Oficialmente abierto en 1838, fue clausurado en 1872 y su colección pasó al Prado. Con ello se explica, principalmente, el gran tesoro mariano –y de arte sacro en general– que acoge este museo. Y que las autoras, entre otras razones, se basten de esta pinacoteca para mostrar una secuencia completa de la “representación simbólica e iconográfica” de la Virgen.
La nueva Eva
La primera parte –y la más amplia– del libro está dedicada a la “biografía” de la Virgen, es decir a: “María como mujer, nueva Eva, sede de la sabiduría y reina de los santos”. Una visión totalizadora que se nutre de los evangelios, pero que en la recreación pictórica se apoya en los textos apócrifos, “especialmente los de la Natividad, destacando entre ellos el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio del Pseudo-Mateo y extractos delLiber de infantia Salvatoris, entre otros”, apuntan Pérez Tripiana y Sobrino.'Santa Ana enseñando a leer a la Virgen María', Murillo
Es el caso de la mayor parte de las obras seleccionadas en este capítulo, desde El abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada (s. XVI), de A. Benson, en el que el pintor trata de presentar el encuentro de los esposos como el origen del proyecto divino del misterio de la Salvación. O de El nacimiento de la Virgen (1560-1569), de Luis de Morales, en donde El Divino muestra a santa Ana embarazada.
'La adoración de los pastores', A. R. Mengs
Porque Pérez Tripiana y Sobrino López no se limitan a mostrar la obra y contarnos su historia, sino que, en un notable esfuerzo académico, catequético y didáctico, citan el texto evangélico del que se nutre, e incluyen una completa ficha técnica que relata la técnica artística, el análisis formal de la composición, los personajes, el movimiento, la luz y los colores, además del tema, la iconografía y la intención del autor, e incluso su biografía y un apunte sobre algún aspecto interesante de él o de su obra. Un completo análisis de cada obra y su circunstancia.
En este primer contexto mariano, María en el Museo del Pradodescubre obras maestras no muy conocidas por el gran público, como Santa Ana enseñando a leer a la Virgen María (1650), deMurilloLa presentación de la Virgen en el Templo (s. XVII), deJuan de Sevilla –discípulo de Alonso Cano–; y Los desponsorios de la Virgen (1420), del flamenco R. Campin.
A partir de aquí, siguiendo la cronología vital de María, su biografía ya se funde con la de Jesús y los evangelios. Desde la famosa Anunciación (1596-1600), de El Greco, a La visitación (1500), del Maestro de PereaEl nacimiento (1597), de F. BarocciLa adoración de los pastores (1771-1772), de A. R. Mengs, o el maravillosoTríptico de la Adoración de los Reyes Magos (1510), de El Bosco, artista que perteneció a la Cofradía de Nuestra Señora y que concibió una obra de aparente sencillez pero que encierra una gran complejidad iconográfica que nos descubren las autoras. [...]




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jueves, 15 de diciembre de 2011

LA NOVELA DE LA SEMANA | Fred Vargas: El ejército furioso


Con esta novela, la última del comisario Jean-Baptiste Adamsberg, Fred Vargas (París, 1957) ratifica lo que veníamos señalando de ella ya desde varias obras anteriores: su magistral literatura, hacen de ella la indudable reina de la novela negra. Del policíaco –necesario el matiz– de calidad o, si lo prefieren, literario. Lo extraordinario es ver cómo, poco a poco, se va convirtiendo, además, en una autora masiva. Lo ha conseguido en Francia tras vender 500.000 ejemplares en apenas unas semanas de El ejército furioso, recién publicada en España.

Y eso que Vargas con su prosa precisa, sus diálogos sublimes, sus metáforas inteligentes y sus personajes marcadamente líricos no es, ya lo suponen, en absoluto convencional. Como no lo son los personajes de esa comisaría de París asombrosa y fantástica, en todo su sentido: Danglard, Retancourt y Veyrenc, que se vuelve a reenganchar al cuerpo. Ellos serán los escuderos de Adamsberg en su combate con ese ejército medieval, legendario y fantasmagórico en plena Normandía, y su revés, más humano y mortal.


Fred Vargas: El ejército furioso (Siruela), Madrid, Noviembre de 2011, 368 páginas, 21,95 €

En el nº 2.780 de Vida Nueva

Enlace con la web de la Editorial Siruela
Enlace con la web de la autora

Lea un fragmento de la novela, gracias a Editorial Siruela

Nicanor Parra: Un Cervantes para la antipoesía



Parecía que lo habíamos olvidado: la genialidad también se llama Nicanor Parra. El Premio Cervantes recae, por fin, sobre el “antipoeta” por excelencia, cuando ya ha cumplido los 97 años. Un galardón indiscutible, pese a que se lo podían haber dado hace 30 años, cuando su nombre estaba en boca de todos.
“Parra es un gran poeta, un poeta excepcional –explica Jorge Edwards–, y es, además de eso, un caso literario interesante, paradójico: un creador literario entre dos mundos, entre dos tiempos, entre dos o más de dos estilos, incluso entre la prosa y el verso. Tengo el hábito antiguo de releer a Nicanor Parra más que a muchos otros. En todos sus textos, en sus poemas de juventud, en sus antipoemas de la edad madura, en sus artefactos, apostillas, guatapiques de años recientes, la escritura de Nicanor es sintética, sorpresiva, altamente coloquial, siempre cargada de ideas, de propuestas, de afirmaciones semiserias y provocativas”.
Eso es. A Parra, sin embargo, la fama le precede, al menos en España, pero en el fondo, problema consustancial a todo poeta, es minoritario, poco leído y de él existe un lugar común de insurgente, irreverente y apóstata.
Esa marginalidad le llega no solo por el uso excéntrico del idioma, sino por la complejidad de su verso, aparentemente fácil, popular, cómico, descreído. ¿Cómo escribir poesía después de Huidobro y de Neruda? Parra tira por un camino inexplorado, guiado por los poetas “malditos” franceses, y el asalto a la fama le llega temprano, con la publicación de sus Poemas y Antipoemas (1952).
Sobre Dios y la fe
Disidente con todo y contra todo. Es un francotirador. Aunque detrás de lo aparente, Parra usó los mecanismos verbales de la vanguardia para decirnos que todo es fugaz, hasta él mismo y su “antipoesía”. Él fue el más furibundo anti-Nicanor. Aparentemente tiene muchísimos poemas contra la Iglesia, pero en su mayoría, en un segundo nivel de lectura, reflexionan sobre la fe, tratan de remover lo inamovible y son, de algún modo, testimonios de una búsqueda de Dios.
De atravesar ese aparente anticatolicismo y profundizar en su mensaje –evidentemente crítico, rebelde, a veces blasfemo, a qué dudarlo– se ha encargado otro gran poeta chileno, sacerdote, crítico literario extraordinario, José Miguel Ibáñez Langlois.
Él mismo resitúa los antipoemas: “El antipoeta es todos sus personajes y no es ninguno de ellos, según el método de trabajo de las hipótesis múltiples, que le permite desprenderse del ego poético convencional y compartir todas las posibilidades humanas, también parodiarlas todas”.
En una lectura correcta, los antipoemas acaban siempre transformando la risa para convertirla en llanto, en tragedia. Esa es su gran ironía. A partir de aquí, ¿qué decir de poemas como Padre Nuestro? Si la primera lectura apunta a la imagen de un Dios degradado y ante el que se burla, emerge después como un ruego a Dios de que “no sufra más” por nosotros, pecadores.
El problema con poemas como Agnus DeiCambio de nombrePreguntas y respuestasQue Dios nos libre de los comerciantes o El Cordero Pascual es que el juego de la burla es tan extremo que a veces borra la relevancia de la búsqueda de Dios. Porque el lector, aunque no lo quiera, se queda en lo superficial.

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jueves, 8 de diciembre de 2011

LA NOVELA DE LA SEMANA | Carlos Ruiz Zafón: El prisionero del cielo



Después de La sombra del viento, nada es igual ante Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964). Ni para sus lectores, sus millones de lectores, que siguen buscando en el autor barcelonés afincado en Los Ángeles de nuevo la sorpresa, la emoción, el contagioso placer de aquella novela que marcó una época en la última literatura española.

Con El juego del ángel, Zafón quiso darle continuidad a su éxito refundiendo la Barcelona gótica del cementerio de los libros olvidados con su otro mundo literario: el de las cuatro novelas juveniles que había escrito antes, sobre todo con El príncipe de la niebla. Es decir, con los fantasmas, con demonios cobradores de almas, neblinas, seres enfermizos de piel traslúcida que viven en mansiones antiguas en ruinas y sin electricidad.

Ahora, con El prisionero del cielo insiste en este escenario de oscuridad, retoma parte de la trama de El juego del ángel y rebusca otra vez entre la memoria de La sombra del viento, aunque ya sin ese inocente encantamiento de Daniel Sempere.


Carlos Ruiz Zafón: El prisionero del cielo (Planeta), Barcelona, noviembre de 2011, 379 páginas, 16 €

En el nº 2.779 de Vida Nueva

El colapso de la cultura

El Museo Chillida-Leku, uno de los primeros grandes centros culturales en cerrar sus puertas. Foto: Archivo

El duro recorte presupuestario por la crisis augura el cierre de centros y la paralización de programaciones
Al final de La crisis de la cultura, incluido entre los ensayos de Entre el pasado y el futuro (1954), Hannah Arendt alude a que sin cultura, “el resultado no es la desintegración social, sino la decadencia”. ¿Qué diría ante el colapso que la cultura está viviendo en un Occidente en crisis?
¿Cómo se rebelaría ante los recortes de las administraciones públicas, que han paralizado la más mínima programación cultural?
El informe del Observatorio de la Cultura de la Fundación Contemporánea del primer semestre de 2011, apunta a que los presupuestos dedicados a la cultura desde las administraciones públicas y la empresa privada se han vuelto a reducir en la gran mayoría de casos: hasta un 40% o más, para el 40,2% de las entidades; y hasta un 20% para otro 36,9%. Las perspectivas para 2012 son aún más crudas.
La primera consecuencia es el inevitable cierre de centros culturales de referencia. Primero fue el Chillida-Leku (San Sebastián), luego el Museo Gustavo Torner, en Cuenca. El espectacular Centro Niemeyer de Avilés tampoco se ha librado de la amenaza, ni el Centro José Guerrero (Granada), reconvertido en Fundación.
Centro Niemeyer Aviles
El recién inaugurado Centro Niemeyer, en Avilés, también está en peligro

La segunda es un panorama sin subvenciones, con recortes en programación, personal y horarios, cancelaciones de festivales… En definitiva, disolución de gran parte de la programación cultural, sobre todo en aquellos sectores en los que el apoyo público ha sido fundamental en los últimos años: teatro, danza, música clásica y artes plásticas.
“Es evidente que los museos y centros de arte contemporáneo están en crisis”, proclamó el director del Museo Reina SofíaManuel Borja-Villel, en el reciente III Foro de Industrias Culturales, titulado ¿A dónde vamos a parar? “Hay que tener mucho cuidado –añadió–, porque la cultura es un servicio público que no se puede medir desde un sistema economicista”. La alarma está dada.
Mala gestión del dinero público
La pregunta es inevitable: ¿se ha roto el modelo cultural contemporáneo, el que nació en el Ministerio de Asuntos Culturales de Andrex Malraux a finales de los años 50? “Tengo nostalgia del Estado, por supuesto que sí”, contestó recientemente Juan Barja, director del Círculo de Bellas Artes de Madrid, que ha recortado hasta dos millones de euros de su presupuesto en los últimos tres años y tiene aún un panorama de mayor secano por delante.
La institución recibe un 20% de ayudas públicas. “Los centros dedicados a la cultura se están ahogando. Ya no hay centros dedicados a la producción. Las bibliotecas también lo están pasando mal”. Barja asegura –y lo dijo hace ya un año– que lo peor no es la falta de ayudas, sino la mala gestión que se ha hecho del dinero público.
El ‘efecto Guggenheim’, que animó a cada capital de provincia a contar con un edificio emblemático, prestigiado por una firma arquitectónica de proyección internacional, ha sido demoledor.

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"Figuras de la Exclusión": Una peculiar mirada a la historia en Valladolid


Una visitante en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid ante dos obras de la muestra. Foto: Efe

El Museo Nacional de Escultura exhibe hasta el 22 de enero “Figuras de la Exclusión”, un exquisito recorrido por el arte religioso entre los siglos XVI y XVIII “visto desde abajo”.
La exclusión y su representación en el arte, especialmente en los siglos XVI-XVIII, siempre ha tenido un papel secundario entre los investigadores, y apenas –nunca, al menos, en las últimas décadas– había ocupado un papel protagonista en una exposición de relieve. El Museo Nacional de Escultura, en Valladolid, ofrece por primera vez –hasta el 22 de enero– una mirada desde el arte religioso a las Figuras de la Exclusión y expone bajo distintas iconografías un amplio repertorio de excluidos por razones sociales e ideológicas.
“El tema abordado en esta exposición, aunque predilecto entre los historiadores, ha tenido un papel decididamente secundario, al menos en nuestro país, en los estudios de Historia del Arte y en las exposiciones temporales de los museos. Por lo general, cuando se ha puesto el foco en determinado medio social, este se ha orientado a aquellos protagonistas de la historia colocados a la cabeza de la riqueza y el poder, en lo alto de la jerarquía de la dignidad y de la respetabilidad: gentes de Corte, monarcas y princesas, grandes mecenas, hombres eminentes”, señala María Bolaños, directora del Museo y comisaria de la exposición.
Aquí, la mirada es otra, una mirada a la historia “vista desde abajo”, que suma 29 obras seleccionadas entre pinturas y esculturas de los fondos del Museo, más otras 11 dispersas entre la colección permanente y que expone a pobres, enfermos, mendigos, huérfanos, desterrados, judíos, herejes, indígenas, mártires, místicos, ermitaños, vírgenes, monjas, prostitutas, concubinas…

Milagro de San Cosme y San Damián, de Isidro de Villoldo
Es decir, “todo este mundo de habitantes en el margen se plasma a través de un arte religioso que documenta de manera magistral la bullente realidad de una España difícil y desgarrada –afirma Bolaños–.
“Se trata –continúa– de nuestro Siglo de Oro, un momento excepcionalmente rico de la cultura española, que brilla en medio del nacimiento del capitalismo, de las guerras religiosas, del auge de las ciudades, de la aventura americana y de la construcción de un nuevo modelo de Estado, fuertemente confesional. Pero también un período en que la exclusión vive un momento de gravedad, en que minorías muy significativas forman una base irrenunciable del modo en que se constituyó la sociedad contemporánea”.
Y una exclusión que fue recogida por pintores y escultores de la talla de Andrés Amaya, Bartolomé González, el Maestro de Toro, Jan Brueghel de Velours, Isidro de Villoldo, Pieri, Gregorio Fernández, Juan de Juni…
Gente sin historia
Esta mirada se ha dividido desde cuatro puntos de vista, cuatro capítulos que no solo expresan el extraordinario “giro cultural” que ofrece la exposición, sino que supone una interesante ampliación del conocimiento histórico y un acercamiento entre disciplinas como la antropología, la historia de las mentalidades, la historia social y la historia del arte. Estos cuatro enfoques los ha elegido Bolaños para una “mejor comprensión” de la exposición, pero, además, resume coherentemente “ese mundo de la exclusión, de la historia de las gentes sin historia”.
El primero es “Inútiles para el mundo”, 13 piezas que representan la pobreza, la mendicidad, el ejercicio de la caridad, la enfermedad o la orfandad. “La miseria y el auxilio social a los necesitados son una realidad que ha estado siempre presente en nuestra historia. Sin embargo, las posturas en relación a las mismas han sido, en la cultura española, muy ambiguas”.
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