jueves, 12 de enero de 2012

El sueño de un confesor: el 300 aniversario de la Biblioteca Nacional

Una visitante observa una de las obras de la exposición "300 años haciendo historia". Foto: Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional, creada el 19 de diciembre de 1711 por Felipe V para satisfacer a su confesor, el padre Pierre Robinet, cumple tres siglos. Su colección supera los 28 millones de documentos. Posee una imponente colección de manuscritos e incunables religiosos. Una gran exposición da el pistoletazo de salida a la conmemoración.
Un 29 de diciembre de 1711 Felipe V, el primer Borbón que reinó en España, daba el visto bueno al plan de creación de una Biblioteca Real abierta al público. La idea había partido de su consejero y confesor, el padre Pierre Robinet, siguiendo el modelo de la Bibliothèque du Roi parisina: “Una biblioteca que fuera la piedra angular sobre la que levantar de nuevo un imperio más allá de las armas, de los cañones, de las conquistas”.
El padre Robinet, jesuita y tercer confesor del Rey en España,  supo presentarle a Felipe V, más aficionado a las cartas que a la lectura, el proyecto como “una obra que remataría la gloria de su nombre” y se erigió en verdadera alma mater de la nueva Biblioteca Real, que se ubicó entre el Palacio Real y el convento de la Encarnación, abriendo al público ya el 1 de marzo de 1712.
A Robinet, el marqués de Saint Simon le describe en sus Memorias benignamente: «Robinet no tenía ningún interés, ninguna ambición; no estaba contaminado de ultramontanismo y sólo era jesuita en cuanto era compatible con el honor y la conciencia. Era fundamentalmente hombre de bien; amaba, pues, el bien por el bien mismo, y era tan valiente como discreto. Toda la corte y toda España le amaba, le honraba, tenía confianza en él; no por eso se vanagloriaba ni se estimaba en más, y era recto, verídico y enemigo de toda intriga”.
En un primer momento, además de Robinet, también participaron en el germen de la Biblioteca Nacional el marqués de Villena, Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, y Melchor de Macanaz. Más de un siglo después –ya en la sede de la calle Arrieta–, en 1836 recibiría el nombre actual de Biblioteca Nacional, denominación que ya se le da en la Constitución de 1812. No sería hasta 1896 cuando se inauguraría el actual edificio del Paseo de Recoletos. Por primera vez, la Biblioteca fundada por Felipe V en 1712 contaba con un edificio propio construido especialmente para tal función.
300 años haciendo historia
"Libro de las horas" de Beatriz de Vega
Las primitivas procedencias de aquella Biblioteca que imaginó el padre Robinet acumulaba dispares colecciones, desde la llamada Biblioteca de la Reina Madre –que era la existente en el Alcázar Real–, la donada por el Marqués de Mondéjar, la adquirida al Duque de Medinaceli o las confiscadas al Duque de Uceda y al arzobispo de Valencia Antonio Folch Cardona. A las que se van sumando manuscritos e incunables procedentes de los conventos dominicos de Santo Tomás el Real, en Ávila, o de San Vicente Ferrer, en Plasencia, de los que aún hoy procede gran parte de los tesoros de la colección de “Manuscritos, Vitrina y Reserva”, que conforman, sin duda, las joyas de la Biblioteca Nacional.
Actualmente, posee unos 23.000 manuscritos, “auténticos tesoros de nuestro patrimonio bibliográfico, muchos de ellos de valor incalculable”, como describe Manuel Sánchez Mariana, y que incluyen una importante colección de libros de horas, códices medievales iluminados, beatos, todos ellos piezas claves del patrimonio cultural español.
Desde su origen, la Biblioteca Nacional reúne algunos de los manuscritos e incunables fundamentales en el relato de la Iglesia en España y testimonios innegables de su presencia en la vida privada, como la extraordinaria y amplia colección de Libros de Horas desde mediados del siglo XIII a mediados del siglo XVI.
Entre ellos, el de Leonor de la Vega (siglo XV) o el de Carlos VIII, rey de Francia (siglo XV). Estos pueden verse en la exposición “300 años haciendo historia”, que en la misma Biblioteca Nacional exhibe su historia, su evolución tecnológica, sus principales colecciones o sus hitos más significativos.
Para el comisario de la muestra, José Manuel Lucía, Catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid, el reto ha sido aunar en una sola exposición todo lo que se deseaba: "Queríamos contarlo todo, aprovechar la oportunidad única de celebrar el Tricentenario para acercar al visitante a la historia de la BNE, sus tesoros, sus edificios, su estructura, sus trabajos diarios, sus retos y sus desafíos". Pero lo que le queda al visitante, sobre todo son las obras expuestas, apenas un retazo de los más de 28 millones de documentos depositados actualmente en la Biblioteca Nacional...
En el nº 2.783 de Vida NuevaReportaje completo para suscriptores

lunes, 9 de enero de 2012

Antonio Núñez, autor de La estrategia del pingüino: “La comunicación es hoy más democrática”

Antonio Núñez en una de sus intervenciones

Antonio Núñez (Jerez, 1970) es licenciado en Administración y Dirección de Empresas y MBA por ESADE. Autor de Será mejor que lo cuentes (Empresa activa), es un especialista en comunicación de empresas y partidos políticos que ha acabado de publicar La estrategia del pingüino, título que inaugura la colección de un nuevo sello editorial, Conecta. Este consultor responde a muchas de las preguntas acerca de cómo comunicarnos en el mundo de hoy.

P: ¿Por qué somos pingüinos?
R: Las nuevas tecnologías están convirtiéndonos en especímenes que vivimos muy juntos, muy apretados, permanentemente interconectados y en medio de un ruido ensordecedor que hacen que la comunicación esté cambiando.
P: ¿Cómo?
R: Es una comunicación más persona a persona. Cualquier miembro anónimo de la colonia puede lanzar un mensaje que de clic en clic informático puede alcanzar una difusión planetaria o convocar a todo un país a las plazas.
P: Esto tiene que ver con Democracia real ya
R: Sí, tiene que ver con la libertad, la igualdad y la horizontalidad que imponen las nuevas tecnologías. No podemos acallar, controlar, ni tapar a nadie. Los grandes conglomerados mediáticos y políticos han descubierto que carecen de influencia para frenar la fuerza imparable de una comunidad de personas, de pingüinos, que hace ruido y reclama atención a sus problemas. Es lo que tiene la red. Democracia real ya tiene mucho que ver con una colonia de pingüinos.
P: Explíquese…
R: Ante la incertidumbre buscamos el calor y la confianza de la colonia. Por puro instinto nos zambullimos de cabeza en cada mensaje o noticia en cuanto vemos que los demás se lanzan. La gran ventaja es que a la hora de comunicar ya no hay «machos alfa» que imponga su fuerza, como tampoco existen en las colonias de pingüinos.
P: ¿Pero nos comunicamos mejor?
R: Nos comunicamos con más frecuencia que nunca, en tiempo real y sin apenas limitaciones de tiempo, distancia o coste. Puede que nuestra comunicación sea más emocional, más superficial e impulsiva que antes, pero a cambio es más democrática. Para hacerse oír ya no es necesario disponer de los recursos de las grandes empresas, los partidos políticos o los grupos mediáticos.
P: Pero tiene sus peligros…
R: Los inconvenientes son la saturación de mensajes, una manera de comunicar de boca en boca más impulsiva e irracional, los peligros de confiar en íntimos desconocidos y el riesgo de colaborar con malentendidos y rumores en cadena sin pretenderlo.
P: Es lo que llama “hacer el pingüino”, ¿no?
R: Sí. Es cuando entramos en el juego que nos ofrece esta nueva forma de comunicación sin reflexionar demasiado ni en el mensaje ni en las consecuencias de nuestra participación en la cadena.
P: Lo que, en cambio, interesa es cómo “lograr pingüinos”…
R: Lograr un pingüino es poner en marcha un proceso de comunicación en cadena. Si un pingüino se lanza al agua, poco a poco todos los demás pingüinos se lanzan también por instinto al agua. Y esto ocurre también con los mensajes cuando conseguimos poner en marcha un proceso de comunicación en cadena de alcance masivo.
P: ¿Cómo ha de ser ese mensaje?
R: Funcionan mejor cuando son verdaderos relatos. Los relatos logran que transformemos simples datos en emociones y sensaciones genuinamente personales. Mediante la narración, y no sólo la argumentación, conseguiremos seducir a nuestra audiencia y hacer que invierta su tiempo en nosotros.
P: ¿Realmente tenemos tiempo para digerir toda la información que se nos echa encima?
R: Lo estamos sacando de nuestras horas de sueño y de nuestra tranquilidad. Porque confiamos cada vez menos de la labor profesional de filtrado, selección y comprobación de fuentes del periodismo tradicional… Pero no nos es rentable. A la larga opino que volveremos a confiar en el periodismo profesional y remitirán estas fiebres.


Apoyo: Ante la vorágine de la información en internet
Todo lo dicho para la comunicación en el nuevo escenario digital vale también, según Antonio Núñez, para la comunicación dentro de la empresa. ¿Cómo evitar ser manipulados? “Negándonos a ser interrumpidos por asalto, exigiendo siempre saber la fuente de una información y tratando de no sucumbir a la vorágine de la aceleración y la saturación. Si aceptamos recibir y responder 60 correos electrónicos al día es más fácil ser manipulados, dispondremos de menos tiempo para la reflexión y la crítica”, contesta. Aunque la gran paradoja es que lo que Núñez llama “comunicación de persona en persona”, muchas veces, se hace sin conocer ni ver a esa otra persona: “Sin embargo es más probable que tengas más afinidad, empatía y confianza con un desconocido durante un proceso de comunicación de persona en persona que seleccionando al azar a una persona de la cola en la panadería de tu barrio. En un proceso de comunicación de persona en persona hay filtros y mecanismos de construcción de reputación previos a la comunicación”. No hay que fiarse de cualquiera.


En la revista MAS nº 666.

La novela de la semana | Steven Millhauser: Martin Dressler


Una de las deudas por zanjar en las vacaciones es la lectura de aquellas novelas que se van acumulando sin remedio. Con Martin Dressler he satisfecho la inquietud de leer a Steven Millhauser (Nueva York, 1943) e ir más allá con la fascinación por Nueva York. Pero se encuentra mucho más: algo quizás tan pertinente como el equilibrio entre los sueños y lo cotidiano, matizado por esa carrera, entre la casualidad y la angustia, del protagonista por ir construyendo un emporio económico.

Puede ser que, en cierto modo, Martin Dressler constituya la historia del sueño americano, del siglo XX mismo, pero, en el fondo, pesa ante todo el retrato de un fracaso indudable: la incapacidad para vivir, para crear una familia, para, en definitiva, ser humano. En el camino, en el contexto de esta novela biográfica, nos enfrentamos a algunos excesos narrativos, como esa obsesión por el recuento, por los detalles más nimios, como el catálogo completo de productos de una tabaquería al final del siglo XIX. Pero Millhauser –su cuento "Eisenheim el ilusionista fue llevado al cine en 2006 bajo el título de El ilusionista– acaba por imponerse como un constructor de sueños innegable.



Steven Millhauser: Martin Dressler (Libros del Asteroide), Barcelona, septiembre de 2011, 272 páginas, 21,95 €


En el nº 2.783 de Vida Nueva
Enlace con la web de Libros del Asteroide

jueves, 29 de diciembre de 2011

Balance del 2011 para la cultura: El año del diluvio

El robo del Códice Calixtino, una de las noticias del año
Este es el mi balance del año cultural publicado en la revista VIDA NUEVA, bajo la perspectiva básicamente de las noticias más destacadas de cultura y fe religiosa. El enfoque, en cualquier caso –así lo creo–, es también válido para la cultura sin matices, que ha sufrido en 2011 uno de los retrocesos, al menos desde el punto de vista de la promoción y difusión pública, más acentuados de las últimas décadas. 

La cultura ha sido una de las grandes víctimas de la crisis y de 2011. El colapso de la cultura, entendido como el fin del Estado como mecenas cultural. Tanto que, 20 años después, las prevenciones liberales de Marc Fumaruli sobre El Estado cultural apenas encontrarían argumentos. La encrucijada es más decisiva para las artes minoritarias: las plásticas, el teatro, la danza, la música clásica… y, cómo no, en la protección del patrimonio histórico y los museos.
Por eso, seguir el rastro al 2011 significa dar con una manera de entender el encuentro de cultura y fe que también, evidentemente, se han sumado a ese desconcierto. Un repaso a lo que ha sido este año, examinado desde este encuadre, muestra varios ejemplos de una dinámica que hasta el momento había sido muy positiva, pero que está detenida, como todo aliento cultural: la renovación material y conceptual de los museos diocesanos. Los ejemplos del Museo Diocesano de Barbastro, el Museo de Arte Sacro de Orihuela o el Museo Diocesano de Zaragoza, junto a otros recientemente remodelados como los de Jaca, Mondoñedo o Albarracín, son testimonio de una época que, al menos en los próximos años, no verá nada igual. Sí, en cambio, relecturas expositivas o adaptaciones después de puntuales rehabilitaciones como la que representa el denominado MuMa, el Museo Mariano Virgen de los Desamparados, inaugurado en Valencia. Ejemplo de cómo la relación entre arte, Iglesia y turismo necesita de imaginación, renovación y nuevas maneras de acercarse al público ajustadas al presupuesto.
cartel de Passio
Aunque 2011, en este sentido, ha dejado buena muestra de que el arte sacro sigue atrayendo al gran público –y mucho– con las nuevas ediciones de Las Edades del Hombre, en Castilla y León, y de La Luz de las Imágenes, en la Comunidad Valenciana, dos de los ejemplos de rehabilitación y difusión del arte de la fe más notorios de los últimos años; aunque han tenido obligatoriamente que readaptarse a los nuevos tiempos (y al menor presupuesto) sin la espectacularidad de pasadas ediciones, pero con indudable interés, como lo han mostrado tanto Passio, entre Medina de Rioseco y Medina del Campo, como los Camins d’Art, en Alcoy. La desatención al estado del rico patrimonio histórico es otra amenaza.
El Códice desaparecido
Mayor eco, no obstante, ha tenido la amplia programación del 800º aniversario de la consagración de la Catedral de Santiago de Compostela, aunque el robo el 5 de julio del Códice Calixtino, custodiado en el corazón mismo del archivo catedralicio, amargó la fiesta. Aún no hay ni rastro del mismo. Tan notoria sustracción del valioso manuscrito enfocó la atención pública sobre la seguridad de los bienes artísticos de la Iglesia, cuando debió –y aquí sigue sin haber rastro alguno– centrarse en la falta de recursos para preservar, catalogar y dar a conocer su maravilloso legado archivístico y libresco. [...]



En el nº 2.782 de Vida Nueva. Artículo íntegro solo para suscriptores

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Ante el estreno cinematográfico de "Drive", la gran novela de James Sallis

El gran James Sallis en una foto rescatada de su página web
James Sallis (Arkansas, 1944) fue compañero en los años 70 nada menos que de Michael Moorcock, J.G. Ballard y M. John Harrison en la legendaria revista de ciencia ficción “New Worlds”, género que aún sigue prodigando. Pero Sallis es, además, traductor, cuentista, poeta, historiador del jazz y autor de la biografía “Chester Himes: Una vida”. Ha publicado, entre otras novelas, la serie del detective Lew Griffin. Ahora, con motivo del estreno de la versión cinematográfica de "Drive", dirigida por Nicolas Winding Refn, premio al mejor director en el último festival de Cannes, toca recordar las sensaciones que en su día me produjo la lectura de esa novela breve, contundente y magnífica.

James Sallis, el gran James Sallis. Quizás sobran todas las demás palabras. Un crítico norteamericano lo definió una vez con una frase melodramática: “Puede que sea uno de los mejores escritores de novela negra del que la mayoría de los lectores nunca hayan oído hablar” (Knight Ridder Tribune). Lo era. Ya no. Afortunadamente, James Sallis escapó del silencio para convertirse en uno de los autores de novela negra que más entusiasmo desata entre los lectores. Un clásico vivo.
No sólo por su magnífica serie de Lew Griffin en los bajos fondos, húmedos y violentos, de Nueva Orleans, sino también por novelas como ésta: “Drive”, breve y concisa, pero todo un verdadero monumento de gran literatura. Sí, porque Sallis sabe, como pocos autores contemporáneos, manejar la estructura del relato, acierta con la réplica oportuna en el diálogo más realista e inteligente de cuantos se escriben hoy y sabe dotar a sus novelas de una atmósfera aprensiva, negra y criminal que remite a los grandes nombres del “hardboiled”: Ed McBrian, Donald Westlake y Larry Block, escritores norteamericanos a los que, no en vano, dedica Sallis esta pequeña obra maestra.
Sallis es poético y soberbio, ya lo verán, en crear protagonistas, perdedores deslumbrantes, como este Drive, como aquel Lew Griffin, que consiguen que el lector no tenga más remedio que transformarse en cómplice, aunque sean personajes que transiten por el hampa y el alcohol: violentos, mal encarados y sin esperanza; siempre, en cambio, capaces de reinventarse su propia ternura. Sus protagonistas miden siempre sus fuerzas solos ante el mundo, y como Drive, se atienen a valores, a principios morales –el valor de la amistad, de un pacto, la fidelidad del discípulo–, que únicamente son válidos para seres que aún no han caído en el pozo de la maldad, aunque lo observan muy al borde.
Drive no es detective, sólo conduce, es un profesional, un brillante especialista en conducción —“siempre quieren al mejor”—, que por las mañanas se dedica a hacer de doble para películas en Hollywood, pero que por las noches conduce para criminales y atracadores. Cierta noche es traicionado, estafado y casi asesinado; entonces se transforma en un justiciero tan implacable, brillante y metódico como cuando conduce:
Drive oía la respiración de aquel hombre al otro lado del teléfono.
—¿Y tú quién eres? ¿Una especie de ejército entero, joder?
—Yo conduzco. Nada más. Nada más.
—Sí. Bueno, pues déjame decirte que a mí me parece que, a veces, te extralimitas en tus funciones, no sé si me entiendes.
—Somos profesionales. La gente hace tratos, y tiene que cumplirlos. Así es como funciona, si se quiere que funcione.
Ese es Drive. Ese es Sallis, que en esta novela se asienta en unas cuantas de sus obsesiones, de sus temas preferidos, con su estilo literario y su desbordante causticidad. Sallis es agrio y contundente, a veces dulce como un trío de piano, como el mismo jazz que da fondo a sus novelas. En “Drive” da rienda suelta a unos cuantos de sus temas preferidos: la soledad, el desamparo de la sociedad contemporánea, el alcoholismo, el sistema sanitario de EE UU, la emigración… de todo ello apenas nos damos cuenta pendiente como estamos de que Drive ejecute su milimétrica venganza con la perfección que se espera de un especialista que únicamente aspira a seguir siendo el mejor.

Ryan Gosling protagoniza la versión fílmica
Drive nació a una infancia criminal, con una madre que calla palizas y que un día mata a su marido mientras sirve la mesa ante la imagen estupefacta del hijo. Pero Drive crece rápido, lo observa todo y aprende deprisa: coches, armas, llaves de yudo… Escapa de sus padres de adopción en Tucson (Arizona) con 16 años, un Ford Galaxie y una frase muy bien ensayada –“se me dan bien los coches”— en busca de la tierra prometida: Los Ángeles. No habrá un especialista en conducción como él, que ha seguido asimilando las lecciones de los mejores. Pero las tentaciones y el aburrimiento son grandes: “¿Qué haces hoy, chico?” En el hampa también contratan a los mejores. Mientras, Drive, cobra y cierra los ojos: “Yo sólo conduzco”. Él también elige a los mejores. Hasta que le engañan. Entonces, demostrará que a tipos como él, precisos y perfeccionistas, mejor no tenerlos enfrente. O lo pagarás con tu muerte.
Sallis compone también una hábil disección de Hollywood, no sólo conduciéndonos por las películas en las que participa Drive –entre ellas, alguna de los hermanos Coen–, sino sobre todo a través de Manning, guionista y postrero narrador: “Yo iba a ser el próximo gran escritor americano. En mi mente, al menos, eso está claro. Publiqué cantidad de cuentos en revistas literarias. Entonces apareció mi primera novela y dio la razón a los retrógrados. El fracaso fue estrepitoso. La segunda ni siquiera gritó al precipitarse al abismo. ¿Y tú?”.
En cierto modo, Manning y Sallis quizás tienen mucho en común. Y un párrafo que encarna todo un credo: “Tal vez sea cierto que me desagrada sobremanera el estiércol del sistema político americano, las películas de Hollywood, las editoriales neoyorquinas, nuestros últimos seis presidentes, todas las películas rodadas en los últimos diez años excepto las de los hermanos Coen, los periódicos, las tertulias radiofónicas, los coches americanos, la industria musical, la publicidad de los medios de comunicación, las modas incesantes […], pero por muchas cosas en la vida siento un aprecio rayano en la devoción. Por esta botella de vino, sin ir más lejos. Por el clima de Los Ángeles. Por lo que estamos a punto de comer”.
 Y por la literatura, por supuesto. De Borges a Don Quijote… pero también Richard Stark, George Pelecanos, John Shannon, Gary Phillips, grandes del “hardboiled” actual norteamericano. Qué homenaje. Qué obra maestra.

James Sallis: Drive (RBA, Serie Negra), Barcelona, Noviembre de 2011, 156 páginas, 14 €

Trailer oficial de la película "Drive" en español.

Enlace con la web de James Sallis 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Poemas para un pregón de Navidad



El pasado 30 de noviembre tuve el honor de dar el primer Pregón de Navidad de mi ciudad natal, Chiclana (Cádiz), invitado por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento. Esta es la primera parte de las seis que compusieron el mismo. Al final, figura un enlace en donde podréis descargar el texto completo y, próximamente, se colgarán imágenes en YouTube. Que os guste tanto como a mí me resultó escribirlo y pregonarlo. Feliz Navidad.

Buenas noches,

Gracias al Ayuntamiento de Chiclana por darme la oportunidad de brindar la Navidad a la ciudad de Chiclana en esta Iglesia de San Telmo,

Y gracias a la Joven Orquesta de Flautas “Ciudad de Chiclana” por participar en este Pregón.

Bienvenidos,

El Adviento es tiempo para avivar la esperanza. La Navidad, de estupor y maravilla. Como afirma el sacerdote y poeta Juan Rubio, director de la revista Vida Nueva –gracias a la cual estoy hoy aquí–, “la Navidad es la aparición en el mundo del Misterio del Amor que transforma. Vuelve la Navidad y la presencia del Niño Dios, otra vez más, acerca los corazones.

En Adviento preparamos la Navidad: el Nacimiento de quien hace nacer un mundo nuevo. En este momento histórico, en el que la desesperanza y el sinsentido se han convertido en la gran amenaza para el hombre de hoy.

En Navidad, amigos, el Señor vendrá con su alforja rebosando paz... y volverá a renacer como hombre para recordarnos nuestra propia Humanidad. Porque la Navidad está dentro de nosotros.

Hasta las palabras más cálidas y bellas del diccionario –amor, fraternidad, paz, alegría, ternura, esperanza, misericordia– se nos quedan cortas a la hora de hacer la exégesis del misterio de la Navidad.

Aquí vamos a traer palabras, al fin y al cabo uno trabaja con ellas, con su presente y con su legado. Palabras que nos han llegado en poemas, contándonos la fiesta de la alegría, de la luz que vuelve a nacer.

Poemas para un pregón de Navidad.

Para Gerardo Diego, el gran poeta de la Navidad, Navidad y Poesía eran una misma palabra, un mismo significado en el maravilloso misterio de la Encarnación. Desde poemas que nacieron antes, mucho antes, en el paso del siglo XII al XIII, y cuyo primer testimonio es el Auto de los Reyes Magos.

“Todos los temas de la poesía simplemente humana –escribió Gerardo Diego– se reúnen y abrazan en el motivo de la Navidad. Maternidad, niñez, naturaleza y paisaje real e irreal, tierra y cielo, nieves, flores y estrellas… y allá, en el fondo, la Muerte y Resurrección”.



La Navidad era para Gerardo Diego su tiempo preferido. Vinculado a los recuerdos infantiles, a vivencias familiares, su recuerdo de la Navidad es intenso, feliz, alegre. Pero él describió como nadie que este es, también, un tiempo de angustia, de temor. El de esa Virgen Madre que se pregunta:

Cuando venga, ay, yo no sé
con qué le envolveré yo,
con qué.

Es la Madre de Dios quien simboliza también la ternura, la misericordia, del Niño Dios que quiere tanto al hombre, que se hace uno más. Representación de ese milagro de la Encarnación que San Juan de la Cruz describió como:

El llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría”.

María es la Virgen del Adviento, de la Navidad, de la Epifanía, de la huida a Egipto, Patrona y, en esta Iglesia de San Telmo, también Virgen de los Remedios. María Santísima de los Desconsuelos. María Santísima de las Lágrimas y Esperanza:

“Señora de la Esperanza,
porque diste a la luz la Vida”

que escribió un gran sacerdote y poeta, Pedro Casaldáliga. Y en Chiclana, y más en estos tiempos de refugio familiar, cabe preguntarse como lo hizo Luis Rosales:

—Señora Santa Ana,
¿qué dicen de vos?

—Que soy soberana
abuela de Dios.

En este tiempo de Adviento, ¿quién mejor que un poeta con ojos y corazón de mujer para acercarnos a la hondura de la vida como lo haría la misma María? Gabriela Mistral, la gran poetisa chilena escribió que la Navidad:

Es amor. Es esperanza. Es fe.
Es alegría.
Es principio de Redención.
Es una etapa de nuestra historia de Salvación.
Es encuentro con Cristo, Niño.
Es conversión y renovación.
Es paz interior.
Es vida nueva.
Es camino que se abre para el tiempo
y para la eternidad.
Es verdad que se alimenta del Amor.
Es vida que fructifica y madura,
sin dejar de nacer siempre.

La Navidad es música, es himno y es villancico, que es raíz medieval que aúna la glosa culta y la cancioncilla popular. Es, sobre todo, testimonio de la alegría ante la llegada del Mesías, que proclama José María Forteza:

Abrid las puertas, amigos,
abridlas para danzar
al son jovial de las flautas
que esbozan la Navidad.







Descargar texto completo de Scribd.


Algunos enlaces con artículos de Prensa Escrita: Revista Puente Chico, Diario de Cádiz...



Dossier | El libro electrónico en cifras: Casi un millón de e-readers y “tablets”



El Panel del Libro de la Consultora GFK estima que 2011 acabará con 460.000 “tabletas” y 447.000 e-readers en España.
El número de libros digitales inscritos en el ISBN alcanzan los 13.118 títulos entre enero y septiembre, más que en todo 2010. El aumento supera el 40 por ciento, mientras descienden las altas en papel casi un 10%. 
La industria del libro ya no tiene vuelta atrás. El libro electrónico, ahora parece que sí, tomará las riendas del sector. Aún le queda recorrido, pero parece que esta vez su desarrollo y despliegue es definitivo. Lo hace en el momento justo en el que Ikea, la plenipotenciaria multinacional del mueble low cost, reforma el diseño de su más popular librería, el modelo Billy, porque, argumenta la empresa sueca, “ya no se usa para libros, sino para objetos decorativos”. El anuncio, anecdótico o no, coincidió con la puesta en marcha en España de la megalibrería digital Amazon.es, aunque, hasta navidades, sin venta de ebooks.

Quien sí los vende ya es la iBookStore de Apple en España, al igual que los pequeños editores reunidos en torno a la plataforma virtual Librosonlibro.es. La irrupción del libro electrónico –que más o menos arrancó en España hace dos veranos con la creación de Libranda, la distribuidora digital de los grandes grupos editoriales, con Planeta, Santillana, Random House Mondadori– representa un cambio sustancial en los sistemas de creación, producción, diseño, distribución y comercialización propios del sector. Las estadísticas sobre lectura digital y consumo de dispositivos hablan de un cambio de tendencia que está obligando a los editores a tomar posiciones, de modo definitivo, respecto al nuevo fenómeno, incluido nuevas vetas de lectura en e-streaming.

En la Feria Internacional del Libro, celebrada en Madrid, y en Fráncfort la conclusión ha sido, precisamente, ésta: por fin, va a despegar. De momento, según los datos de la Agencia del ISBN, entre los meses de enero a septiembre, ya se han alcanzado 13.118 títulos, más que en todo el año 2010. Esto significa que, extrapolando los datos a todo 2011, la edición de libros digitales ha crecido un 40%. “Vamos avanzando –puntualiza Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE)–, yo diría que la oferta ha aumentado pero la demanda sigue sin funcionar. No crece, al menos, en la misma proporción. De hecho, me atrevería a decir que vendemos más libros en el mercado norteamericano, sobre todo universitario, que en el mercado español. ¿El problema? Sigo pensando que no hay suficientes e-readers en el mercado y que siguen siendo muy caros”.


Según las cifras del Panel de Libros de la Consultora GFK en España, “al terminar este año nuestros hogares dispondrán de casi un millón de dispositivos portátiles aptos para la lectura de libros”. Los datos que aporta David Pemán, director del Panel de Libros de GFK, incluyen los datos reales del primer y segundo trimestre de 2011, más la estimación de los resultados del tercer trimestre. La proyección de esas cifras, según GFK, valora que en España el año 2011 finalizará con 460.000 “tabletas” y 447.000 e-readers en el mercado español. La explosión arrancó en las pasadas navidades, hace justo un año, cuando las ventas de tabletas (sobre todo, el iPad) y e-readers crecieron un 200% respecto a 2009.

La tendencia creciente coincide con el informe Hábitos de Lectura y Compra de libros en España 2011, realizado por la consultora Conecta para la FGEE y correspondiente al primer semestre de 2011. Según sus datos, el 3% de los entrevistados dijo tener un e-reader, un incremento del 75 por ciento comparado con 2010, en el que la cifra apenas apuntaba un 1,7%. Después del primer trimestre de 2010, la estimación de la FGEE apuntaba a la existencia de 300.000 e-readers en España, “tablets” incluidas. “Concedamos que en lo que va de año se han vendido 200.000 más, estaríamos hablando, como mucho, de 500.000 dispositivos lectores. Pero un millón me parecen demasiados. No me lo creo”, responde Ávila. [...]

En el nº 259 de la revista DELIBROS (Diciembre 2011) Texto completo en la edición en papel. Pág. 13 a 18