miércoles, 18 de julio de 2012

La novela de la semana | Atiq Rahimi: Maldito sea Dostoievski


JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
Atiq Rahimi (Kabul, 1962) se inspira en Crimen y castigo para regalarnos un retrato único, incomparable, de la Afganistan contemporánea. Dicho esto, habría que señalar, antes de proseguir con el argumento, que la prosa de Rahimi es extraordinaria, con una capacidad soberbia para hacer que el lector se sumerja a fondo en el ser y la cultura afgana.

Te atrapa, te mece, te lleva. Ya lo sabíamos, dado el precedente: la estupenda La piedra de la paciencia, su primera novela escrita en francés y con la que ganó el Premio Goncourt. Porque Rahimi es un exiliado que encontró en Francia un nuevo hogar, pero ni su literatura ni su compromiso con Afganistán ha dejado un país asolado primero por el fundamentalismo y, después, por la guerra de liberación.

Este es el contexto de Maldito sea Dostoievski. Rasul, el protagonista, ha matado a una anciana por venganza. Le viene el remordimiento y decide entregarse. Pero ni su crimen ni su culpa le interesa a nadie. Hasta que hay un juicio, rocambolesco, que sirve de metáfora del destino atroz del país.


Atiq Rahimi: Maldito sea Dostoievski (Siruela), Madrid, junio de 2012, 216 páginas. Colección Nuevos Tiempos, 223. Traducción de Elena García-Aranda. PVP: 16,95 € (Papel-rústica) y 8,99 € Ebook-Epub). 

Enlace con la página dedicada a Rahimi en Editorial Siruela

viernes, 6 de julio de 2012

La novela de la semana | Daniel Pennac: Diario de un cuerpo



JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
Ajustándose al formato clásico del “diario” en la estructura, pero dándole un notable giro en el contenido, Daniel Pennac (Casablanca, 1944) ha creado una novela renovadora, dura a en muchos casos, en la que el narrador, un intelectual «taciturno, irónico, tieso como una escoba, aureolado por una reputación internacional de viejo sabio», aspira a decirlo todo sobre su propio cuerpo.

 Esta es la gran cualidad de la novela de Pennac: el protagonista es un cuerpo humano como nunca ha sido narrado en la literatura. Porque el narrador crea este “diario físico” a partir de un trauma a los doce años y lo mantiene hasta los 87, es decir, entre 1936 y 2010 –el año de su muerte– por lo que es también el reflejo de un siglo. Aunque todo lo que podemos saber del mundo exterior entorno al narrador o incluso de su pensamiento íntimo se nos ofrece vinculado a reacciones y alteraciones de su propio cuerpo. 

Y todo lo que suscita: porque Pennac no se detiene ante ninguna manifestación de ese cuerpo en transformación con el paso del tiempo: el pudor, la impotencia, la enfermedad, la angustia, la hipocondría, el dolor…

Daniel Pennac: Diario de un cuerpo, Mondadori, Junio de 2012, 336 páginas. PVP: 21,90    € (Tapa dura) y 13,99 € (E-book).

En el nº 2.805 de Vida Nueva.

Murillo y Justino de Neve: el arte de la amistad y la fe

El Prado inaugura una excepcional muestra de una veintena de obras de Murillo encargadas por su mecenas, amigo y confesor, Justino de Neve, canónigo de la Catedral de Sevilla.

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
“Las pinturas generadas por la amistad entre Murillo y Justino de Neve forman un conjunto realmente estelar”. Este es el calificativo, simple, contundente y evocador que elige Gabriele Finaldi, director adjunto de Conservación del Museo Nacional del Prado y comisario de Murillo & Justino de Neve: El arte de la amistad, para describir la veintena de obras que el Museo del Prado reúne en una magnífica exposición que reconstruye la relación de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) con su gran amigo y mecenas, Justino de Neve (1625-1685), canónigo de la Catedral de Sevilla.

Tres aspectos realzan la exposición del gran pintor barroco sevillano, que después de Madrid se podrá ver también en el Hospital de los Venerables de Sevilla, sede de la Fundación Focus-Abengoa, y en la Dulwich Picture Gallery de Londres. En primer lugar, que la mayoría de la obra expuesta es “pintura de devoción” de un Murillo en su gran madurez y apogeo: todas están fechadas entre 1662 y 1670.

Segundo, que proceden de encargos realizados por Justino de Neve para tres proyectos básicamente: la decoración de la iglesia de Santa María la Blanca (1664-65), diversas obras que le encargó para la catedral (la Sala Capitular y capilla bautismal) y, por último, un conjunto de lienzos para el Hospital de los Venerables Sacerdotes.

Justino de Neve, según Murillo.
Y, en tercer lugar, que se ha intentado reconstruir, al menos en parte, la propia colección que Justino de Neve poseía de obras de Murillo –la más importante de tema religioso–, que sumaba 18 obras, sólo superada en la época por la del comerciante Nicolás de Omazur, con 31.

“Resulta llamativo –añade Gabriele Finaldi– que solamente uno de los cuadros que componen esta exposición se encuentre aún en la ciudad natal del pintor. Al reunir una serie de obras que en su día estaban concentradas en el corazón de la ciudad andaluza, y al poner el acento en uno de los ejemplos más brillantes y productivos de relación entre un artista y su cliente y protector de todo el siglo XVII, esta exposición y el catálogo que la acompaña contribuyen a corregir una injusticia histórica”.

El corpus de una obra de madurez

Excepto ese Bautismo de Cristo que corona el retablo de San Antonio en la capilla del santo en la Catedral de Sevilla, el resto de obras proviene de instituciones como el Museo de Bellas Artes de Budapest, la Dulwich Picture Gallery de Londres, la National Gallery of Scotland, el Museo del Louvre, Museum of Fine Arts de Houston o el propio Museo del Prado, que expondrá por primera vez la llamada Inmaculada de los Venerables –también conocida como la Inmaculada “Soult”– con su marco original procedente de la Catedral de Sevilla.

Primavera (La Florista).
“Forman un corpus de obras de madurez de un Murillo que, en la cumbre de su fama, alcanzaba de manera consistente altas cotas de belleza y expresividad”, puntualiza Gabriele Finaldi. El impulso conjunto entre el Prado, la Fundación Focus-Abengoa y la Dulwich Picture Gallery londinense reúne así algunas de las “obras más destacadas y originales” del pintor sevillano.

“La amistad entre Murillo y Neve generó un notable conjunto de pinturas –encargos públicos y privados, y obsequios– entre las que figuran, por ejemplo, el propio retrato que Murillo pintó de Justino de Neve en 1665. El cuadro lo mantuvo en su poder el canónigo hasta que a su muerte lo legó al Hospital de los Venerables Sacerdotes, institución para presbíteros enfermos y ancianos de la que Justino había sido una pieza clave para su fundación”. Este retrato simboliza para Finaldi “la especial relación que unió al pintor con su modelo, una relación que fue tanto personal como profesional”, posiblemente Neve fuera confesor del propio Murillo, además de “ejecutor” de su testamento. [...]

En el nº 2.806 de Vida Nueva. Murillo en el Prado: el arte de la amistad y la fe, íntegro solo para suscriptores


La novela de la semana | Simonetta Agnello Hornby: La monja y el capitán



Habíamos leído de Simonetta Agnello Hornby (Palermo, 1945) su estupenda trilogía siciliana –La Mennulara, La tía marquesa y Boca sellada– y había bastado para condecorarla como una de las grandes escritoras italianas del momento. Lo es. Indudablemente. 

Aunque se ha pasado gran parte de su vida en Londres –en donde hizo carrera como abogada, llegando a presidir el Tribunal Especial de Menores–, nadie como ella para captar el alma siciliana, acaso el gran Andrea Camilleri. 

Claro que a Agnello Hornby, como le ocurría a Sciascia y aún perdura en el Camilleri no policíaco, esa esencia siciliana está en el pasado, en la mirada histórica. Insiste, por tanto, en La monja y el capitán en la narración de la decadencia de la nobleza siciliana en el siglo XIX, pero centrándola, como le gusta, en mujeres fuertes, rebeldes y luchadoras. 

Es el caso de Ágata, sexta hija de un mariscal arruinado en el corazón del Reino de las Dos Sicilias, obligada a tomar los hábitos en el monasterio de San Giorgio Stilita. Y que, ya sea con la fe religiosa o con el amor, combatirá por imponerse a la autoridad y la convención. 


Simonetta Agnello Hornby: La monja y el capitán, Tusquets Editores, Barcelona, Abril 2012, 400 páginas. PVP: 20,00 € (Rústica) y 10,00 € (E-book)


En el nº 2.804 de Vida Nueva.

Pedro Sorela: “El periodismo se hunde porque está mal hecho”


Escritor antes que periodista, Pedro Sorela (1951), ha vivido lo que narra en primera persona. Descendiente de una familia de tradición diplomática y viajera, publica ahora su séptima novela: El sol como disfraz (Alfaguara), una novela en la que dibuja su visión del periodismo, a la que vez que invita a los lectores a pensar y reflexionar sobre una profesión en transformación. 


No deja de ser curiosa la escasa tradición española en novelas sobre periodismo, más aún que tengan de escenario la redacción de un periódico. En la literatura anglosajona son todo un género. Un escritor, un periodista como Pedro Sorela (1951), que ha vivido lo que narra en primera persona, pero que también tiene las habilidades –la prosa literaria y la capacidad de distanciarse de la profesión– necesarias para atreverse con ello, ha construido un extraordinario testimonio sobre el devenir y el declive de los periódicos, fiel retrato de un mundo de egos y de ideales inalcanzables. Sumándole,  además, un argumento que sostiene lo narrado –con Daniel, redactor cultural; B. V., corresponsal de guerra de vuelta a casa, y Picasso, un director de los que no hay, como protagonistas– y que mantiene el pulso con el lector. El sol como disfraz es, dicho todo ello, como afirma Daniel de sus entrevistas, «un dibujo, una seducción con palabras. No es una foto en ningún caso» del periodismo que se ha hecho –y hace– en España. Una gran novela.

P: ¿Qué vamos a descubrir en El sol como disfraz
R: Los lectores van a descubrir una evocación de la España de los últimos cincuenta años. Sobre todo, los últimos diez, a través de un periódico con una redacción bastante amplia pero con el foco centrado en cuatro, cinco, personajes, que responden a las “edades” del periodista: el joven lleno de ilusión, la chica de 39 años que ha postergado toda su vida por el periodismo, un veterano columnista independiente y un director que se casó con la hija del dueño… que aplica, sobre todo, sentido común al día a día de la profesión. 

P: ¿Cree que el periodismo que se hace hoy necesita esto: más sentido común? 
R: No quiero discutir sobre modelos de producción, quiero discutir sobre periodismo. Me revienta leer nuestros periódicos, lo que no me ocurre con la prensa de otros países. Me pongo enfermo cuando me gasto un euro con veinte para encontrarme sobre el papel lo que ya me han contado en el telediario de la noche anterior o he leído en internet. Es intolerable. Y me digo: “Hombre no, mi tiempo es muy valioso. Esto ya lo leí, ¡quiero más!”. 

P: ¿De ahí ese espíritu crítico entorno al periodismo de hoy en la novela? 
R: Es una novela muy severa con el periodismo pero porque tengo una relación de amor con él. Lo que no tolero es la mediocridad y las razones por las que se hunden los periódicos. El periodismo se está hundiendo porque está mal hecho. Los periódicos bien hechos no se están hundiendo… Como escritor, reivindico mi derecho a hacer lo que me la gana; como periodista, reivindico la idea de que todo se puede contar de otra manera. 

P: Usted ha protagonizado veinte años en las redacciones: ¿Es una novela biográfica? 
R: Sí. Efectivamente. Cualquier escritor que haya invertido veinte años en una profesión sabe que, más tarde o más temprano, lo reflejará en la ficción. Yo quería disparar una sola vez y este es el resultado. Tuve muchísimo miedo al escribir El sol como disfraz porque este libro trata no del periodismo de hoy, sino de una cultura periodística de la que quizás estamos saliendo. 

Sorela une su pasiones literaria y periodística
P: A la vez que ha desembocando en el campo abierto de Internet… 
R: El periodismo no va a acabar, porque la necesidad de informarse no va a acabar, simplemente tenemos que reinventar cómo se hace. Y eso apenas está empezando. El hecho que haya periódicos en digital desde hace tiempo no significa que ese sea el periodismo que vamos a conocer. Las posibilidades son infinitas. El periodismo de internet todavía está empezando y no sabemos qué va a dar de si. Yo quisiera ser optimista, y a diferencia del discurso dominante yo creo que el futuro puede ser extraordinario. 

P: Usted se ha convertido a la nueva religión de las redes sociales, ¿no? 
R: Para mí la gran novedad, y yo que tengo unos cuantos libros ya detrás, es que ahora un libro no se publica sólo en España. Éste, gracias a su edición digital, ya lo han podido leer a la vez mis amigos de Colombia o Argentina. Lo cual, realmente, me parece como el descubrimiento de América. Hace cinco años no pensaba así, pero ahora, con mi blog y con twitter, he descubierto un mundo nuevo de posibilidades infinitas para la literatura. Un mundo de gran libertad. 

P: Lo que tampoco sale bien parada de la novela es la educación en España… 
R: Es lamentable. Necesitamos un gran cambio educativo. Hay que tomarse la educación mucho más en serio y recuperar el tiempo perdido. Además, en la educación, que ha sido dirigida por tecnócratas y burócratas durante mucho tiempo, hemos marginado la cultura, las humanidades, y eso lo vamos a pagar muy caro. Hemos creído que bastaba con ingenieros, y así nos va. 



La obsesión de una lucha contra el tiempo
“He estado en la literatura desde siempre –explica Pedro Sorela–, me acerqué al periodismo con la vieja superstición de que tendría una vida literaria. Grave error. El periodismo no es una literatura de segunda categoría. Yo no renuncio a muchas de las piezas que escribí como periodista, y que las tengo como gran orgullo. Sin embargo, yo lo que me considero es escritor. Muchas veces me preguntan, cómo quieres que te presentemos, ¿periodista, escritor, profesor?. Es todo lo mismo. Un profesor de escritura, ¿qué es lo que hace? Pues yo me considero un escritor con experiencia que le doy a los jóvenes concejos sobre cómo se escribe”. Precisamente, ese práctica como profesor en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense está muy presente en su última novela. Como lo está le lección alrededor del tiempo que imparte: “En el fondo cuenta la guerra metafísica en la que estamos todos inmersos, y los periodistas en primera línea: la lucha contra el tiempo. El periodista no es otra cosa que la construcción del presente. El periodismo no es más que una forma del tiempo, una encarnación, una representación. Y a mi lo que me obsesiona es el tiempo, y esa es la obsesión de fondo del libro. Por eso el título un poco meteorológico, un poco cósmico, es una reflexión sobre el tiempo”.

Pedro Sorela : El sol como disfraz (Alfaguara), Madrid, abril de 2012, 344 páginas. PVP: 18,50 € (Rústica) y 8,99 € (E-Book).

Góngora, estrella inextinguible… y sacra


Una exposición en la Biblioteca Nacional culmina el 450 aniversario de su nacimiento, cada vez más reivindicado también como poeta religioso.

La exposición Góngora: la estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo, organizada por la Acción Cultural Española (AC/E), recorre en la Biblioteca Nacional más de cuatro siglos de influencia del universo gongorino en la literatura universal a través de dos centenares de piezas entre cuadros, manuscritos, grabados, dibujos, cartas, esculturas, instrumentos musicales, tapices, partituras, carteles, libros, y revistas.

Un cierre único a la conmemoración del 450 aniversario del nacimiento del poeta en 1561 en Córdoba. De ahí, la participación también del Ayuntamiento y la Universidad de Córdoba en la muestra. Su comisario es Joaquín Roses, profesor de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Córdoba. “Góngora es –resume– el poeta de la variedad inagotable, cuyo mensaje trasciende siglos y territorios”. 

En un magnífico retrato de Góngora que Velázquez pintó en 1622, y que se puede ver en esta exposición, se contempla a un don Luis reflejado en tonos sombríos, responsable en parte de esa imagen hosca y malhumorada que aún se sigue dando del poeta.

Retrato de Velázquez
Joaquín Roses no está de acuerdo, y es el primer objetivo de la muestra: desmentir esa imagen circunspecta del poeta como lo desdice su poesía: “Ese hombre tenía mucho del vitalismo renacentista, del puro placer estético y musical del verso. Su opción es mucho más atrevida que la de otros poetas del siglo XVII. Y en pleno siglo XX sus escritos sobresaldrían notablemente, aunque no sé si su poesía sería atendida convenientemente en una sociedad como la actual, más propicia a la banalización y a la facilidad alienante”. 

Una producción religiosa relevante



La exposición, abierta hasta el 19 de agosto, recorre la poesía de Góngora y su innegable influencia, en cuatro bloques: “En orbe de oro luminosa estrella: vida y contextos”, “El triunfo de Góngora en el siglo XVII”, “Motivos cotidianos, poemas estelares, mitos inagotables: sugerencias de la forma, la línea y el color” y “La galaxia de Góngora en el siglo XX”, cuando la admiración por Góngora da lugar a Generación del 27 en el III Centenario de su muerte.

 “Fue un poeta muy imitado en el siglo XVII, sí –explica Roses–. Pero en el XVIII y el XIX cambia el gusto poético, los conceptos sobre lo que es la poesía. Se sigue leyendo al Góngora aparentemente fácil, el de los romances, el de la poesía jocosa y popular, el de las letrillas, pero cae un velo sobre la obra central, nuclear, de su trayectoria lírica, que es las Soledades, poema extenso del que podría decirse que es el más original de toda la poesía europea del siglo XVII. Posteriormente, en el XX, se habla de que la Generación del 27 recupera a Góngora, pero, mucho antes, desde Francia, los estudiosos y los críticos ya trabajaron en la revaloración del poeta.

Un visitante en la exposición de la Biblioteca Nacional

En el año 1900 se presentaron tres manuscritos allí, el Chacón, el Estrada y el Iriarte”. Otro velo de silencio que ha caído sobre la poesía gongorina queda, no obstante, de manifiesto también en esta muestra: su propio testimonio de hombre de fe. Góngora tuvo, y es irremediablemente cierto, una minoritaria producción de poesía religiosa, pero eso no significa que sea irrelevante. Ni mucho menos. Góngora fusiona las tradiciones bíblicas, devotas y populares que ha heredado y las ajusta a su propia visión poética. Como no podía ser menos de un hombre de la Iglesia. 

“No era un sacerdote desde el principio –explica Roses–, era diácono, racionero de la Catedral de Córdoba, tenía órdenes menores. Eso sí, cuando se trasladó a Madrid, en 1617, antes de convertirse en capellán de honor del Rey Felipe III, ya tomó ordenes mayores, accede al presbiterado”. [...]

En el nº 2.805 de Vida Nueva. Góngora, estrella inextinguible… y sacra, íntegro solo para suscriptores

La novela de la semana | Fernando San Basilio: El joven vendedor y el estilo de vida fluido


Aunque son otros los autores jóvenes que, gracias a la revista Granta, han conseguido cierta visibilidad –Alberto Olmos, Javier Montes o Elvira Navarro, entre ellos– y más o menos eco, sin embargo hace ya unos años que persigo con el mayor interés la obra breve y peculiar de Fernando San Basilio (Madrid, 1970). Él ha sido, además, el autor que la selecta editorial Impedimenta ha elegido para estrenarse con una novela española y contemporánea.

Todo un acierto, porque El joven vendedor y el estilo de vida fluido no sólo es la tercera y –definitiva, añadiría– novela del corrosivo y prometedor San Basilio, que ya se había asomado al panorama literario de la mano de la extinta Caballo de Troya: Curso de librería (2006) y Mi gran novela sobre La Vaguada (2010). 

Es al centro comercial de La Vaguada –su microcosmos y metáfora de la sociedad contemporánea–, en Madrid, a donde regresa San Basilio de la mano de Israel, su protagonista, dependiente de una tienda, un corner, de ropa que está decidido a ser mejor persona después de leer un libro de autoayuda. Con él, San Basilio, entre la ironía y una melancólica ingenuidad que ofrece un retrato generacional y de hoy.


Fernando San Basilio: El joven vendedor y el estilo de vida fluido, Impedimenta, Madrid, mayo de 2012, 168 páginas. PVP: 16,95 € (Rústica)


En el nº 2.803 de Vida Nueva


 Vídeo promocional de la Editorial Impedimenta