Durero, más o menos, como ejemplo, camino a seguir o, si así vale, referente en unos tiempos en el que el maestro de Núremberg habría puesto su arte, como siempre, al servicio de la renovación, de la nueva mirada, de la vida nueva necesaria para que el hombre de hoy deje de caminar sobre el abismo.
lunes, 21 de mayo de 2012
Camino a la perfección
El convento de San José de Ávila celebra
su 450º aniversario con una programación cultural y religiosa
jueves, 17 de mayo de 2012
La muerte de Carlos Fuentes
Muere
el hombre, nace el mito. Le está ocurriendo a Carlos Fuentes, que está siendo
parido en México, en Buenos Aires, en Santiago de Chile, en Barcelona, para
que su palabra permanezca en la incertidumbre de cada día. Pienso en él,
lejano, una tarde en Valladolid, en ese corazón de la “Terra nostra”,
convenciendo a quienes estábamos por oírle de que lenguaje e identidad son uno.
De que si hablamos una lengua “impura”, una lengua de mestizajes y migraciones,
de invasores y de invadidos, de árabes, aztecas y cristianos viejos, es porque
“somos” esa misma diversidad, un cruce de vientos, océanos y orillas, ajenos a
toda raíz que conduzca a un sentimiento de nacionalismo, de xenofobia, de expropiación.
Y ese “somos” de Carlos Fuentes comprende a ese ser en expansión que es, detrás
de cualquier frontera, lo hispanohablante, lo indoamericano, lo castellano. Un
Quijote cabalgando en América, un gringo viejo en El Escorial, un Martín Fierro
cruzando Europa, Atahualpa en Nueva York.
Pienso en
aquella tarde, en “Terra nostra” –su novela fundacional y fundamental, con
tanto que ver con su visión del mundo–, en él como antítesis de Artemio Cruz,
en él como Laura Díaz, en su refinada pose, en la bonhomía de un hombre que
creyó en el valor de la palabra, la razón de la música y en la verdad de las
cosas. Si algún día fue aquello que Paz le reprochó –“apologista de tiranos”–
por su simpatía cubana, siempre la supo diferenciar de su rechazo castrista. Porque
Fuentes, como sus novelas, era un pensador obsesionado con todo aquello que
veía más allá de su bigote siempre cano, contra todo lo que hacía que el
“somos” se fuera cada día transformando en una guerra de tús frente a yos, contra
el destino divergente de una América que amaba y vivía, contra todo aquello que
significaba olvidar la memoria y evitar la imaginación. Nunca quiso conformarse
con el mundo como lo veía: soñaba con cambiarlo, escribió para cambiarlo, habló
para cambiarlo.
Quisó
diseccionar México en unas cuantas novelas, vivió el “boom” y encontró su voz
integradora entre “Gabo” y Vargitas, reprobó al Octavio Paz en Adán en Edén como “mezquino cacique
cultural” o lamentó no haberse logrado imbuir de la narrativa póstuma de Roberto
Bolaño. Carlos Fuentes era así: coherente con sus gustos; pertinaz con sus
ideas, nunca evitaba un pulso. A la vez, era un pacificador constante, pero
nunca ofreció la derrota de callarse. Pienso, en su maestría literaria
–temprana, cansada ya en las últimas novelas– y creo, con todo lo dicho, que
tenía aún más valor como pensador de lo contemporáneo, como adalid de la
lengua, como conferenciante espléndido, como intelectual del sentido común.
Como un escritor, culto y honorable, que va por ahí –ahora que nace un mito–
mirando al mundo con timidez, pero describiéndolo con saña. Y viviéndolo con
pasión. Un humanista genuino que escribió: “Nada
está a salvo del destino. Nunca admires al poder, ni odies al enemigo, ni
desprecies al que sufre”.
lunes, 14 de mayo de 2012
Carlos Zanón: No llames a casa
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| Carlos Zanón (Foto: RBA) |
El “boom” de la novela negra contemporánea –entre los lectores y
las editoriales, que no paran de lanzar novedades– parece que ha provocado más
perjuicio que beneficio. La acumulación de títulos, pese a ser tantos, apenas
va dando, muy a cuentagotas, nuevos nombres, y adolece de demasiado novela
banal.
Es de agradecer, en este panorama, encuentros como el de Carlos Zanón
(Barcelona, 1966) con No llames a casa
(RBA), autor que había ya publicado Tarde,
mal y nunca (RBA, 2011). Sin embargo, es con esta extraordinaria segunda
novela, con la que Zanón hace que el lector bucee en las profundidades más
oscuras del alma humana.
Ya sabemos que el mal viste cualquier ropaje, pero en
esta novela del lumpen barcelonés, repleta de personajes que viven en la
mentira, nadie se salva del descenso a los infiernos. Portentosa novela que
elude cualquier cliché ya existente en el género. Sin investigación propiamente
dicha, porque el delito (no vamos a describir más) sucede al final. Lo que
importa es quiénes y por qué viajan en ese tobogán de miseria hacia la nada.
Carlos Zanón: No llames a casa (RBA), Barcelona, enero de 2012, 288 páginas, 18,00 € (Tapa blanda)
Cunqueiro, de santos y milagros
Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911-Vigo, 1911) admitió siempre ser
un hombre de fe, un “creedor”, según Ana-Sofía Pérez Bustamante en Las siete vida de Álvaro Cunqueiro. Y la
fe, para el escritor total de la literatura gallega de la primera mitad del
siglo XX, era la fuerza, el poder, del hombre: “Cuando rezo, llego a tener la
convicción de que el mundo entero, desde las estrellas a las cosechas –llegó a
afirmar–, puede ser recreado o destruido por el hombre que ora. El hombre que
reza será siempre un hombre libre”.
Cunqueiro, en su cosmogonía católica, acabó
por desertar de rigideces institucionales y centralismos romanos. “El rechazo
se hace extensivo a la teología intrincada, al dogmatismo cerebral, a la
soberbia religiosa intelectual que deviene política y violencia olvidando lo
esencial”, añade Pérez Bustamante. Pero nunca dejó de ser un hombre de santos y
milagros. “Para Cunqueiro –sigue diciendo–, la esencia de lo religioso es mistérica”.
De ahí, que recuerde lo que un día le confesó a José María Gironella: “No hay
religión sin misterios. La nuestra es una religión de misterios”. Lo mismo que
de símbolos, de ritos. Y entre esos símbolos habitaban un amplio florilegio de
santos que están en origen de su obra periodística y que, con el tiempo, dieron
cuerpo a su mejor literatura.
El investigador Xosé Antonio López Silva,
profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, da testimonio de relatos
y semblanzas hagiográficas, precisamente, en De santos y milagros (Fundación Banco Santander. Colección Obra Fundamental), en donde recopila hasta 183 artículos, publicados en Faro de Vigo, La
Vanguardia, ABC, La Voz de España, Vértice (referencia dentro del primer franquismo), Aire Azul o Misión; y algunos desconocidos, firmados
con el seudónimo Álvaro Labrada en la revista Catolicismo.
“Cunqueiro dedicó amplio seguimiento a los temas santorales –señala López
Silva–, así que hemos optado por hacer una selección que reuniese los
requisitos primeros de amplitud y representatividad y en la medida de lo
posible, supusiese un rescate de aquellos textos, sobre todo los más tempranos,
que fuesen especialmente interesantes y que no hubieran sido publicados hasta
el momento, al menos de manera accesible al gran público”.
El investigador de la obra de Cunquiero destaca, y enumera,
sobre todo el gran interés de siete relatos publicados entre 1945 y 1946 en Catolicismo,
órgano oficial por entonces de las Obras Misionales Pontificias. En ella siguió
escribiendo el Santoral misionero,
aún cuando le habían retirado el carné de periodista por un malentendido con la
Embajada de Francia. “Esos textos hasta ahora eran completamente desconocidos y
ofrecen nuevas luces acerca de la evolución del tratamiento de su prosa de
ficción anterior a 1955”, afirma Xosé
Antonio López Silva. [...]
En el nº 2.797 de Vida Nueva. Cunqueiro, de santos y milagros, íntegro solo para suscriptores
La "internacionalización" del arte de mirar a Dios
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| Lluis Borrassà, detalle de la tabla del Retablo de San Pedro de la colección Armengol Junyent |
En
vez de recurrir a los grandes ciclos de exposiciones en templos y monasterios, es
el Museu Nacional de d’Art de Catalunya (MNAC) el espacio que contiene el
objetivo de difundir el valioso patrimonio artístico religioso catalán más allá
del ambicioso programa de turismo cultural que es “Catalonia sacra”. Lo hace
con el maravilloso Románico, pilar de su colección permanente, y ahora invita a
posar la mirada hacia Cataluña 1400. El
Gótico internacional.
Es la primera gran exposición dedicada a una etapa
fundamental del arte gótico catalán y la iconografía católica que tiene como
objetivo más inmediato “romper la paradoja de que nombres ampliamente reconocidos por
los especialistas extranjeros –como Lluis Borrassà, Rafael Destorrents, Pere
Joan y Bernat Martorell– sean todavía unos auténticos desconocidos para los
catalanes”.
La muestra exhibe 60 obras maestras de
uno de los ciclos más creativos de la historia del arte en la Corona de Aragón,
entre finales del siglo XIV a mediados del XV, con piezas tan valiosas como las
cuatro tablas obre madera de roble del llamado Retablo de Sant Jordi –juicio, flagelación, suplicio y decapitación–
que Martorell, el artista más importante del “Gótico catalán”, pintó entre 1434
y 1437. Han sido cedidas por el Museo del Louvre.
Y se exhiben junto al frontal
del altar, con su magnífico bordado en alto relieve ejecutado por Antoni
Sadurní a partir de un modelo pintado por Martorell, también destinado a la
capilla del hoy Palacio de la Generalitat. El propio Martorell concibió el llamado Terno de Sant Jordi, es
decir, el conjunto de indumentaria litúrgica formado por una capa, una casulla
y dos dalmáticas que también se exhibe en la muestra.
“La fama de Martorell es bien merecida. Su pintura se caracteriza por
una gran precisión técnica, con un dibujo firme y una pincelada minuciosa. Sus
obras están repletas de personajes expresivos, ataviados con sombreros
estrafalarios, ropas de pieles y ricos brocados. También sobresale en el uso
del color, y el Retablo de Sant Jordi es un buen ejemplo de ello; nunca
se había visto en la pintura catalana una gama cromática tan amplia y bien
contrastada, con sorprendentes tonos ácidos y combinaciones tornasoladas”,
explica Rafael Cornudella, jefe del Área de arte gótico del MNAC, comisario de
la exposición con la colaboración de Guadaira Macías y Cèsar Favà.
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| Lámina del Juicio Final en el Misal de Santa Eulalia de la Catedral de Barcelona |
En el bautizado como “período
internacional” del Gótico mucho de lo que es válido para Cataluña también lo es
para los restantes territorios de la Corona de Aragón, especialmente Valencia.
Ese nuevo código estético nació básicamente de la eclosión de un modelo de
síntesis entre los dos grandes polos del arte a finales del siglo XIV: por un
lado París, el Norte de Francia y los Países Bajos; de otro, la Toscana, el centro
de Italia y el Mediterráneo. Y rápidamente se expandió por Europa, desde
Alemania a España.
“Cataluña
se incorporó decididamente al circuito del internacionalismo, y muy pronto
reinterpretó con originalidad una corriente estilística marcada por los contrastes
y que combinaba, en un peculiar equilibrio, la filigrana y la observación de la
naturaleza, la elegancia y la expresión, el lujo material y la habilidad del
artista. El fruto de estas experiencias constituye uno de los momentos más
plurales e intensos del arte catalán”, apunta Cornudella. [...]
En el nº 2.796 de Vida Nueva. La "internacionalización" del arte de mirar a Dios, íntegro para suscriptores.
Premios Barco de Vapor y Gran Angular: Contra la guerra y la mentira
Hace tiempo que la literatura, ya sea juvenil o infantil, alcanza
en España una notable calidad y originalidad que no pasa desapercibida. Tiene, por
tanto, un latente respaldo por el lector. Son los géneros –especialmente el
infantil– que están sosteniendo, por lo demás, la industria editorial en
tiempos de transición hacia lo digital. El cambio de paradigma no sólo afecta a
las ventas o al relevo del papel por la pantalla electrónica, también a los
modos y maneras de leer, comprender y formarse de los más jóvenes.
Inmersos en
este escenario de transformación, es justo reconocer la persistencia de premios
como El Barco de Vapor y Gran Angular, convocados por la Fundación SM, en seguir
enriqueciendo la oferta literaria dirigida a niños y adolescentes,
contribuyendo con su notable inversión económica –son los de mayor dotación en todo el mundo para el
género infantil y juvenil, con 50.000 euros cada uno– a la dedicación de los autores.
Y un año más, porque ya alcanzan
los 34. Desde los tiempos, ciertamente ya lejanos, de aquel Fray Perico y su borrico (1979), del
inolvidable Juan Muñoz, el premio y la colección Barco de Vapor es sinónimo de
calidad y compromiso, que ha sabido asumir también Gran Angular. Ahora, como
los nuevos tiempos exigen, en versión papel y, por supuesto, digital.
Jesús Díez de Palma (Madrid, 1962), el ganador de este año del Premio
Gran Angular con la novela El festín de
la muerte, es un sólido ejemplo de la aportación del galardón a la
literatura juvenil española contemporánea. La novela dirigida a adolescentes
hace tiempo que ha abandonado el espejismo, para hablar con franqueza de
quiénes somos y a qué mundo nos enfrentamos. La guerra está ahí, nunca
desafortunadamente lo ha dejado de estar: en los telediarios, en la literatura,
en la historia.
El profesor Díez de Palma ha sabido, sin embargo, aportar una
voz conmovedora y ecuánime en un tema que nunca pasa de moda porque, como él
mismo afirma, “siempre hay guerras y horror”, aunque siempre es difícil de
explicar a los más jóvenes esa violencia, ese horror, ese “festín de la
muerte”. La novela de Díez de Palma lo logra poniendo énfasis en el desastre de
la guerra, en el dolor que causan todas las guerras, las que son y han sido.
Porque siempre están protagonizadas por víctimas, porque en las guerras todos
son víctimas.
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| Ilustración de El secreto del huevo azul (SM) |
[...] Esa “verdad”
que arguye Díez de Palma es, curiosamente, el objeto central de la otra obra ganadora, El
secreto del huevo azul, con la cual Catalina González Vilar (Alicante, 1976) ha obtenido el Premio de
Literatura Infantil El Barco de Vapor. Dirigida a un lector entre 8 y 10 años, la
obra de González Vilar, ilustrada magníficamente por Tomás Hijo, convierte
decir la verdad –especialmente aquellas que “necesitan más valor para decirse”–
en “una novela de aventuras que
participa del mundo fantástico de los cuentos de hadas, con príncipes,
princesas, bestias y mundos extraordinarios”, según explica González Vilar. Libros así, con ese nutriente de valores que defiende: evitar las
mentiras, desconfiar en los rumores, no recurrir a exageraciones… se convierten
en preciosas herramientas educativas.
Sobre todo, cuando González Vilar ha sabido
escoger el mundo onírico de los cuentos de hadas medievales con sus príncipes,
sus magos y sus castillos para transformarlo en un hermoso y alegre cuento
sobre el valor de la verdad. [...]
Jesús Díez de Palma: El festín de la muerte, Ediciones SM, Madrid, marzo de 2012, 400 páginas. 15,50 € (Cartoné) y 6,49 € (Epub).
Catalina González Vilar: El secreto del huevo azul, Ediciones SM, Madrid, Marzo de 2012, Ilustraciones de Tomás Hijo (Premio El Barco de Vapor), 160 páginas. 15,50 € (Cartoné), 7,75 € (Rústica) y 5,49 € (Epub).
lunes, 30 de abril de 2012
Los cumpleaños y los designios de Oscar Hahn
En estos de los cumpleaños, conforme pasan, más melancólicos nos volvemos. Encontré curiosamente este poema del gran poeta chileno Oscar Hahn (Iquique, 1938) leyendo este fin de semana "La primera oscuridad" (Fondo de Cultura Económico, 2012), que encontré en esa librería demodé que es La Buena Vida.
En fin, a lo que voy: que los cumpleaños acaban siendo, como Hahn titula su poema, "Designios". Y me vi el sábado, a mí mismo, como ese hombre pensativo contemplando su niñez; convencido, sin duda, como dicen los versos, de que "el tiempo futuro / está contenido / en el tiempo pasado".
Mientras que en el teléfono, en el Facebook, personalmente llovían "feliz cumpleaños", más me hacía pensar en lo que fui, en lo que soy y en lo que seré... siempre, en cualquier caso, bien rodeado por todos los que me habéis transmitido cariño y felicidad. Muchas gracias.
DESIGNIOS
Un hombre pensativo
Con los ojos cerrados
Contempla su niñez
En el recinto de la memoria
Se ve jugando
Con un tren eléctrico
Se ve armando
Un pequeño aeroplano
Se ve sentando en el suelo
Frente al televisor
Cuando ese hombre era niño
No sabía que la extraña figura
Medio oculta
Entre las sombras de la pared
Era su propia imagen
Que lo observaba desde el provenir
Porque el tiempo futuro
Está contenido
En el tiempo pasado
Y los designios del tiempo
Son inescrutables
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